Amores de verano

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Las vacaciones en verano huelen a brisa marina, la naturaleza llama a explorarse, dan ganas de escaparse a lugares lindos, salir de la rutina, descansar hasta tarde incluso hasta con siestas, retomar aquel libro que estaba perdido entre papeles, ver más cine y teatro, disfrutar más amanecidas con amigos o pareja sin pensar que al día siguiente deben levantarse temprano, hacer cosas nuevas y dentro de todo ese movimiento la posibilidad de conocer gente nueva aumenta también.

El estrés queda atrás, tendemos a estar más tranquilos, relajados, con una disposición más positiva y abierta hacia el disfrute, lo cual hace que la posibilidad de conocer otras personas, hacer nuevas amistades o incluso iniciar un romance fluyan mucho más. Lo interesante es que, como ya muchos nos hemos dado cuenta en base a la experiencia, nunca puedes saber si aquella amistad o romance durará sólo el verano o tomará fuerza y permanecerá a lo largo del tiempo.

En los adolescentes esto incluso cobra más intensidad, ya que ellos tienden a tener mayores oportunidades de conocer gente nueva en el verano y están más abiertos a comenzar romances sin mayores proyecciones, pero también está el tema de que muchas veces la ilusión con la que se viven estas relaciones puede traer corazones rotos también… sobretodo si la pareja no vive en el mismo lugar. Más de una mamá y papá se pregunta llegando a Marzo (y su realidad), “¿y qué hago ahora con mi hija que llora y llora porque vivimos en Arica y su nuevo amor vive en Puchuncaví?”. Demás está decir que esto no siempre les ocurre sólo a los adolescentes… Es por eso que aquí les escribo algunas ideas sobre cómo vivir estos amores, cómo orientar, apoyar y acompañar a quienes los viven y rescatar de esta experiencia algo positivo para la vida:

- Tomar el riesgo o no. Una decisión: Si conocemos alguien nuevo en el verano y existe atracción, debemos anticiparnos y entender que toda decisión conlleva una oportunidad y un riesgo.  Así, si decidimos comenzar una relación, podemos disfrutar de un romance y compartir experiencias agradables con otro durante un tiempo, quizás podamos mantener la relación o llegar a ser amigos después o incluso reencontrarnos en los veranos si se frecuenta constantemente ese lugar, pero no es algo que podamos saber con certeza. Por esto, es importante asumir que probablemente el romance dure lo que duran las vacaciones (sobretodo si viven en lugares muy distantes) y regular las expectativas, para que así sea una experiencia positiva más que algo que luego queramos olvidar por sentirnos traicionados en nuestras ilusiones.

En este contexto, es clave mirarse y detenerse a pensar qué tan bien nos puede hacer una relación de este tipo en el momento vital en que estamos, probablemente si estamos vulnerables, tendemos a ser más bien dependientes, nos sentimos solos y necesitamos a alguien de quien aferrarnos, o estamos pasando por un momento doloroso y requerimos contención, un amor de verano puede ser un riesgo alto de que luego, si la ilusión de mantener algo más serio, profundo o estable no se cumpla, nos derrumbe emocionalmente.

Bajo la luna, caminando por la orilla de la playa surgen las frases y promesas más románticas, por eso que estos amores pueden ser inolvidables, pero si bien no hay que vivirlos con miedo, escepticismo y distancia (pues se perdería toda magia), hay que regular un poco cuánto entregamos, darse la oportunidad de poco a poco ir conociendo al otro y no buscar contarse toda la vida en 5 días, para así cuidarnos también y no sufrir en exceso si llega a acabarse.

De todos modos, muchas veces es mejor vivir la ilusión y el enamoramiento, aunque después se termine, a no haber vivido nunca estas emociones. Pero cada quien se conoce y sabe cuál es su momento, cuándo puede y quiere hacerlo, cuánto riesgo está dispuesto a asumir en cada situación y con quién quiere hacerlo. Quizás puede transformarse en un gran amor, o en una semilla que años más tarde en otra etapa puede volver a germinar si hay un nuevo reencuentro, o quizás sólo se quede en los recuerdos de un amor fugaz de verano, como sea, si decidimos intentarlo, podemos buscar que sea hermoso mientras dure.

- Fidelidad y honestidad: Otra razón para regular expectativas e ilusiones, es entender que muchas personas que viajan a un lugar distinto de donde viven y sienten que conocen a alguien que probablemente no volverán a ver, o que si inician un romance de verano nadie de su círculo cotidiano se enterará, pueden tender a mentir o a mostrarse como alguien que no son. Así, muchos dicen ser “solteros sin compromiso”, cuando en realidad son más bien “viudos o viudas de verano” como se les suele llamar. Sus parejas estables, ya sean pololas/os o esposas/os pueden estar en casa esperando su llegada y por ende, para evitar ser buscados una vez terminado el romance (sobretodo ahora que en facebook es más fácil), pueden inventar personajes, con nombres, ocupaciones, teléfonos, mails y toda una vida que no es…

Lamentable escenario, pero no dista mucho de algunas experiencias que pueden ocurrir en estas condiciones. Por este motivo, cobra mayor relevancia disfrutar el aquí y el ahora, pero buscando un equilibrio entre vivir la magia del romance y no hacerse demasiadas expectativas con el galán o princesa que vienen recién conociendo. Si la persona te interesa como para mantener una relación más allá del verano, ve primero qué tan dispuesta está y anda entregándole tu confianza poco a poco a medida que pase el tiempo, vayan construyendo la oportunidad de conocerse y no dejen de estar alerta para poder tomar distancia a tiempo si vemos que el otro nos va esquivando y nos demuestra que su objetivo quedó en el verano y no desea incluirnos en su mundo de “no vacaciones”.

- La decisión de mantener la relación: Si ambos lo deciden o simplemente las llamadas y encuentros no se acaban luego de terminadas las vacaciones, fluyendo todo hacia una relación más estable, es una experiencia gratificante en sí, pero se debe entender que es normal cierta desilusión respecto a lo distinto que puede ser a lo vivido en el verano. En este sentido, al llegar a retomar nuestras actividades (estudios o trabajo, principalmente), el tiempo que queda para destinar a la relación es menor, el entorno es otro, el estrés puede aumentarse, se retoman las relaciones familiares y sociales habituales, y el mundo personal de cada uno empieza a cobrar una vida que era desconocida hasta entonces, lo cual puede requerir una capacidad de adaptación mayor. Aquí toda la idealización que nos podíamos haber hecho sobre ese otro tan atractivo empieza a diluirse para poder verlo más bien con sus sombras y luces, pudiendo ser una desilusión que lleve a romper la relación o algo lo cual puede superarse si logramos ver al otro de forma más íntegra y entendemos empáticamente que al otro también puede estar pasándole algo similar, pudiendo construir una relación más sólida desde la idea de ir conociéndose y aceptándose tal cual son.

Ahora si a todo esto sumamos el que muchas parejas deciden intentar mantenerse unidas, pese a las distancias, puede hacer las cosas más difíciles, pero a su vez es toda una experiencia, pues la nostalgia, el deseo de volver a verse, los mensajes y llamadas avivan la pasión, la relación se resguarda de la costumbre y la rutina, los encuentros están centrados en el disfrute del otro y al menos en un inicio puede ser una ilusión hermosa de vivir, pero con el tiempo, si los encuentros son pocos, la falta de presencia en la vida cotidiana, la sensación de tener una pareja “ausente” o “fantasma”, la falta de recuerdos e historias compartidas a través del tiempo (pensando que es alguien al cual acabamos de conocer), empieza a enfriar la relación hasta que ya el enamoramiento cede a la resignación y a la ruptura final o llega alguien más cercano que nos muestra la ventaja de una relación donde el encuentro real entre dos personas, más allá del mail, facebook o teléfono, puede prevalecer y hacernos decidir que queremos algo distinto. Aunque siempre hay casos de quienes rompen las distancias y mantienen relaciones que finalmente llegan a durar toda la vida, decidiendo uno de los dos mudarse al lugar donde vive el otro, pues con el tiempo se dan cuenta que no quieren mantenerse más separados. Amores que comenzaron un verano y nunca terminaron suelen ser más de los que podemos imaginar.

- Darle valor a la experiencia: los amores de verano pueden ser minimizados o vistos como una ilusión pasajera por terceros ajenos a lo vivido y que ven con otra óptica (menos romántica y más objetiva o racional) la situación. Pero es clave darles un lugar importante, valorar su significado, no burlarse por ejemplo de la hija o hijo ni castigarlo obligándolo a terminar una relación a distancia “para que no sufra después”, sino más bien puede ser de ayuda acompañarlo en el proceso, escuchar sus historias e inquietudes, orientarlo en regular sus expectativas, sentir respeto hacia sus sentimientos y apoyarlo si sufre porque terminó y él o ella querían continuar. Es esencial comunicarse, conversar con tus hijos sobre lo que están viviendo, para que así puedan rescatar lo mejor de la experiencia, aprendizajes para posteriores relaciones, ideas sobre lo que quieren y no quieren, recuerdos que atesorarán y cosas que dejarán atrás. Es probable que con el tiempo puedan superarlo, pero dentro de las cosas que quedarán serán cómo sus padres supieron estar ahí cuando lo necesitaban.

Por otra parte, si viviste un amor de verano que no trascendió, pese a tus deseos de mantenerlo, en un primer momento puede dominar la rabia o la pena basada en la desilusión y podemos decidir enterrar lo vivido, tratándolo de olvidar. Creo que aquí es importante pensar más allá y valorar lo bueno. No existen experiencias totalmente negativas, es importante filtrar, mantener la objetividad y que un desaire no destruya nuestra idea de quienes somos ni nuestra autoestima, sino que nos enseñe y nos entregue, que mantengamos o desarrollemos la capacidad de rescatar lo mejor de una experiencia.

Finalmente, los amores de verano pueden ser tan hermosos y excepcionales pues se dan en un entorno generalmente bello, centrado en el disfrute, donde el tiempo libre es mayor y se vive en una burbuja que suele ser lejana a la realidad, donde el compromiso, el nombre o la duración de la relación no es tema y la conciencia de que se puede acabar pronto hace que cada uno de lo mejor de sí para que los días juntos sean una experiencia grata, si el tiempo será breve, no vale la pena discutir, entrar en celos o diferencias graves, se tolera lo que no se toleraría quizás en el día a día y el sentido del humor y el relajo ayuda a que todo sea más placentero. La clave está en saber despedirse de ellos cuando vemos que no hay posibilidad de que trasciendan, aceptando su término y valorando lo que sí existió, más que centrarse en lo que no siguió. Con eso en mente, sólo queda disfrutar y esperar que estás vacaciones nos traigan lo mejor, ya sea con un nuevo amor o sino, con nuevos amigos o experiencias que nos hagan empezar nuevamente este año laboral o académico recargados y con una actitud que delate nuestra sonrisa, no sólo visible en el rostro, sino también la que llevamos en el alma.

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