Aprender a organizarse y planificar

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Diversos estudios muestran que las personas que se sienten más felices con sus vidas, comparten rasgos como: la capacidad de proyectarse, organizarse bien, distribuir bien sus tiempos (destinando mucho de éste a actividades que les proporcionan gratificaciones), llevar a cabo los planes y terminar lo que empiezan, lo cual les proporciona una sensación de tranquilidad y libertad valiosa. Poder “estar al día” con nuestras tareas nos permite vivir el presente y disfrutarlo más intensamente, que si estamos retomando temas pasados o arrastrando tareas inconclusas, que muchas veces nos impiden tomar algunas nuevas que deseamos.

La angustia que puede ser el sentir el peso de una “mochila” cargada de temas pendientes por hacer, sentir que nunca acaba o que incluso no nos deja avanzar, puede ser un factor que afecte no solo nuestro ánimo, sino también la relación que tenemos con los demás y nuestra propia autoestima, al cuestionar nuestras capacidades para lograr lo que nos proponemos (sobretodo cuando lo postergamos, o lo dejamos relegado e inconcluso en un rincón).

La ansiedad por los pendientes que se acumulan cada día nos va agobiando y estresando, pudiendo incluso llegar a “fundirnos”, dejando de funcionar por el cansancio y la necesidad de detenerse, que a veces cuando no la escuchamos lleva al cuerpo a enfermarse y llamar nuestra atención sobre un tema concreto: necesitamos cuidarnos…

El tener la voluntad de no abandonar las cosas y dejarlas inconclusas porque en el camino nos frustramos, nos requieren esfuerzo o surgen otras a las que decidimos dedicarles más tiempo, puede ser un aprendizaje no tan simple, pero sí muy necesario, el cual en algún momento puede transformarse incluso en una enseñanza de vida para nuestros hijos, que se puede transmitir en detalles como el apoyo que le damos para que pinte un dibujo hasta al final.

De todos modos hay que distinguir entre permanecer y terminar aquello que nos hace bien, de lo que no, pues si vemos que algo nos daña o no trae nada positivo a nuestras vidas, es mejor dejarlo por nuestro propio bien y ahí, sin culpas, es necesario distinguir lo que decidimos “cerrar” aunque no esté terminado, de lo que dejamos “inconcluso” aunque quisiéramos continuarlo.

De esta forma, todos los pendientes que acarreamos, más las múltiples tareas que surgen en el día a día y demandan nuestra atención (cumpleaños, arreglos en la casa, exigencias laborales, ir al supermercado, etc.) nos lleva en más de una ocasión a sentir cómo el estrés y el cansancio se va apoderando de nosotros. Ante esto surgen las preguntas ¿cómo prevenirlo? ¿Cómo podemos disfrutar de estas actividades para que de verdad vivamos de forma más tranquila?, ¿cómo llegar a un equilibrio que nos ayude a no sobre exigirnos y presionarnos más de la cuenta?

Si bien cada uno puede tener estrategias que le resulten más que otras, quisiera compartirles algunas que pueden aportarles en este camino:

- Planificar realistamente: Es importante aprender a distinguir lo que “quiero” de lo que “puedo hacer” en un determinado momento. Si bien a veces nos podemos sentir “súper héroes”, con energías para hacer cualquier cosa (más aún si es por quienes queremos), no siempre disponemos de todo el ánimo, los recursos o el tiempo para llevar ciertas actividades a cabo. Si pese a eso insistimos en realizarlas, podemos pagar un costo alto en estrés, desgaste y sobretodo en no disfrutarla realmente en el camino.

Por ejemplo, puede que por exceso de trabajo no alcancemos a bordar los nombres de nuestro hijo en su ropa del colegio (como tanto queríamos), nos acordemos a última hora de este tema y tengamos que pegarle un papelito o escribir las iniciales con lápiz, pero esto no significa que somos “malos padres” o que no queremos a nuestro hijo, en ese momento no pudimos aunque quisimos hacerlo, pero quizás la semana siguiente (si este tema es algo importante para nosotros) podamos darnos el tiempo y hacerlo. Lo relevante acá es la actitud que transmitimos con ese gesto, si el niño percibe una mamá o papá que se siente culpable, angustiado, preocupado, estresado y nervioso por no haber podido bordar un nombre en su cotona, le afectará bastante más que si ve una actitud más flexible, donde los padres aceptan que no tuvieron tiempo y se les olvidó entre tanto que recordar, pero con cariño le escriben el nombre con lápiz y sonrientes, tranquilos y sin culpa le refieren que no se preocupe, que la próxima semana bordarán la cotona e incluso dejarán que él o ella elijan el color del hilo que quiere para que se vea como ellos quieren.

En este punto es de ayuda el conocernos bien y aceptarnos, incluso cuando no podemos “hacerlo todo” o “controlarlo todo”, pues eso no significa que estamos fallando como padres o personas. En ocasiones, simplemente estamos dando lo que podemos dar y el hecho de que lo estamos haciendo con amor, finalmente es lo que prevalece y lleva a que ese momento sea especial.

En este sentido, el riesgo de planear actividades grandiosas es que no siempre resultan tan “perfectas” como deseamos, por ende es importante regular expectativas y no frustrarse cuando eso sucede. Asimismo, abrirse a la idea de que a veces una actividad sencilla, preparada con cariño, puede ser mucho más significativa que otra grandiosa, pero que hacemos estresados. Como sea, recién después de preguntarnos ¿qué puedo hacer realistamente con lo que tengo disponible en este momento? podremos planificar sin exigencias ni culpas innecesarias, evaluando si tenemos energía para hacer una actividad increíble que conlleve muchos preparativos o una actividad más sencilla esta vez. Lo esencial es disfrutarla mientras la hacemos y que podamos sentir que vale la pena.

- Aprender a delegar y pedir ayuda: Todos sabemos lo que significa desempeñarnos en distintos roles: el ser padres, hijos, ser pareja, trabajador, ser mujer u hombre, ser amigo/a, entre otras. En cada etapa de la vida y en cada momento, algunas nos requieren más atención que otras dependiendo de la situación en que se encuentren. Ante esto, la humildad y la capacidad de aceptar que no podemos estar en “todos los lugares al mismo tiempo ni hacerlo todo”, nos puede dar un pie para buscar un apoyo, delegar funciones y pedir ayuda.

Si bien pueden aparecer temores o dificultades, como el sentir que “nadie hará las cosas como yo las hago” y por ende “prefiero hacer todo sola, aunque me estrese…”, o el no saber recibir, porque no se está muy acostumbrado (como en el caso de las personas que tienden a entregarse por los demás 100%, aunque eso signifique dejarse de lado), el reconocer el valor de una ayuda puede enriquecernos y entregarnos la oportunidad de tener tiempo para hacer las cosas de una mejor forma, hacer otras que hace tiempo queríamos y habíamos postergado, aprender nuevas formas de realizar algo, confiar, descansar, dejar de exigirnos, entre tantos otros beneficios.

- Disfrutar del camino tanto como del destino: Este es uno de los puntos fundamentales cuando pensamos en cómo poder tener una vida más feliz… Muchas personas caemos en la trampa de plantearnos un objetivo y perseguirlo afanadamente, independiente de los costos personales o familiares, estamos focalizados en éste y sentimos que cuando lo logremos todo estará mejor. “Cuando salga de vacaciones, podré darme un tiempo para compartir con los niños”, “cuando termine este proyecto, estaré sin tanto trabajo y podré descansar”, “cuando madure podremos llevarnos mejor”, etc., etc. Lamentablemente, siento decepcionarlos, pero si es que no lo saben aún, la mayoría de las veces esta ilusión no se cumple.

Los estudios demuestran que si no sabes ser feliz ahora con lo que tienes y vives en este momento, no habrá mayor variación cuando obtengas ese objetivo al cual tanta importancia le estás dando, ya que si bien al lograrlo hay un aumento temporal de la felicidad y tranquilidad, al poco tiempo nos volvemos a acostumbrar a esta realidad y recaemos en el estado en que nos sentíamos antes, sucede con quienes se ganan la lotería, con quienes se realizan una operación estética y en tantos otros casos… Aún más, es común que cuando llegamos a ese objetivo, pese a todo el tiempo en que lo buscamos, muchas veces ni siquiera nos detengamos suficiente tiempo a saborearlo, pues pronto estamos pensando en el próximo objetivo que nos plantearemos… La clave está en disfrutar del camino que nos lleva a ese objetivo, además de celebrar cuando cumplimos esa meta que anhelábamos.

- Autocuidado: Si bien existen muchas otras estrategias que nos pueden ayudar a prevenir el estrés, organizarnos bien con nuestros tiempos para llevar a cabo lo que nos proponemos a la vez que lo disfrutamos, el tema del autocuidado me parece de especial importancia.

Darnos tiempo para nosotros, para disfrutar de un baño de tina, leer un buen libro, hacer deporte, aprender a tocar un instrumento, estudiar algo que nos interese, juntarse con amigos, salir en pareja (sin hijos, ojo que algunos confunden el estar en pareja cuando en realidad están en familia, descuidando este aspecto) o emprender alguna actividad que nos cause gratificación, nos renueva y nos entrega energías para seguir, nos hace sentir más completos, con un mundo mucho más rico en experiencias y emociones positivas, lo cual se transforma en una base que nos impulsa a estar con mejor disposición y energía para vivir intensamente nuestra vida, saboreando cada instante.

Después de todas estas ideas, solo queda animarlos a respirar profundamente y pensar que aunque las tareas y desafíos que estén por venir se vean  complejos, siempre habrán formas de vivirlos más simplemente, disfrutar y darse un tiempo para detenerse, valorar el camino andado y soñar con esperanza y optimismo el que está por venir.

¡¡¡ Mucha suerte en este camino !!!

Fuente: Adaptación de artículo escrito para la Revista Carrusel Nº 16, Julio: “Cómo disfrutar el segundo semestre del año sin colapsar en el intento”: http://w3.revistacarrusel.cl/segundo-semestre/?utm_source=Revista+Carrusel&utm_campaign=dd91e3b51d-Newsletter_RC_08_07_107_7_2010&utm_medium=email

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Comentarios 1

  1. Amanda París Montealegre

    Muy interesante el artículo y productivo. Es muy común, el que nos dediquemos a cumplir metas sacrificando lo más importante, como el consentirnos a nosotros mismos; los espacios con los hijos, quienes crecen rápidamente y cuando advertimos, ya tienen sus propios intereses.

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