¿Cómo prevenir el estrés de fin de año?

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Es natural que el fin de año sea una época de múltiples emociones, por un lado el sol del verano nos genera más ánimo, hay entusiasmo por las fiestas, cierres de etapa o próximas vacaciones, pero también nos sentimos más exigidos en todo nivel:

–     A nivel personal se hace balance respecto a si se lograron objetivos propuestos, qué tan satisfecho o feliz se está con vida actual y se piensa en cuáles son los cambios y mejoras que se desean hacer el año siguiente.

–     Es el cierre del periodo escolar y universitario, dando últimos examenes, actos para padres, reuniones, etc.

–     Planificación de vacaciones y sus detalles.

–     El nivel de gasto es al menos un 25 % mayor debido a los regalos navideños y cenas familiares, pudiendo generarse endeudamiento.

–     A nivel laboral vienen las evaluaciones de desempeño, entrega de balances e informes finales, junto a mayores compromisos, como amigos secretos, cenas o fiestas de la empresa.

–     Mayor cantidad de filas, esperas, mucha más gente en tiendas y supermercados, más tráfico en las calles, sensación de aceleramiento.

–     Sensación de mayor cansancio acumulado durante el año.

Ante esto, los cuadros de estrés aumentan, pues muchas veces nos vemos sobrepasados por la cantidad de tareas y no sabemos si podremos abordarlas adecuadamente, en ese contexto es frecuente que aparezca una mayor irritabilidad, desconcentración, aumenta la posibilidad de accidentes, hay desmotivación, cansancio, el sueño y la alimentación se afectan, con frecuencia llega el dolor de cabeza, alergias, tensión muscular, dolores estomacales, mayor sensibilidad y llanto, baja del deseo sexual, consumo de alcohol o tabaco, entre otros síntomas.

Es por ello que resulta clave conocernos bien y realmente generar aprendizajes de estas experiencias para que no se repitan cada año los cuadros de estrés y podamos llegar en un estado de mayor bienestar y calma al año que viene.

Para disminuir el nivel de estrés o prevenir su aparición existen prácticas bastante conocidas, pero que no siempre le damos la importancia, como dormir una cantidad de horas adecuadas, comer sanamente y hacer deporte de forma regular, también las actividades en compañía y al aire libre, suelen darnos mayor bienestar, escuchar música que nos relaje, darnos pausas para meditar o respirar profundamente con los ojos cerrados, aunque sea por un minuto, nos ayuda a liberar la tensión.

Además, es clave aprender a pedir ayuda, delegar tareas y llevar una agenda que nos ayude a priorizar los pendientes, darles un tiempo establecido para realizarlos y escribirlos en un lugar que revisemos diariamente, puesto que al tener todo solo “anotado mentalmente” se aumenta el estrés y la probabilidad de que existan olvidos, los cuales nos llevan a la sensación de ineficacia, frustración o incluso llegar a faltar a reuniones acordadas con otros, lo cual nos trae otras consecuencias relacionales que se van acumulando al nivel de estrés acumulado.

Por otra parte, aprender a planificar y hacer con tiempo las tareas, es una habilidad necesaria para la vida. Muchas veces tenemos la costumbre de postergar y dejar para última hora lo que debemos hacer, pues creemos que “trabajamos mejor bajo presión”. Esto realmente es un mito. Existen diversas investigaciones que muestran que el trabajo programado y desarrollado en etapas, dejando un tiempo final para revisar y mejorar lo que ya se realizó, genera mayor calidad en lo que hacemos, junto a una sensación de mayor satisfacción y orgullo personal, menor estrés asociado y produce un impacto positivo a nivel de autoestima el sentir que podemos hacer las cosas a tiempo, cumplir con lo que nos comprometemos y de una buena forma, además de terminar y cerrar lo que empezamos.

Todo indica que vale la pena programarse y organizar bien los tiempos… De hecho, las personas que reportan ser más felices tienden a realizar una cantidad de actividades significativamente mayor, puesto que organizan y distribuyen sus tiempos de maneras más eficientes

Asimismo, uno de los motivos de infelicidad más frecuentes en Chile (además del individualismo y la desconfianza), es el sobre endeudamiento. En este sentido, es fundamental crear un presupuesto realista que evite endeudamientos innecesarios y que permita generar la posibilidad de ahorro contínuo para lograr objetivos más significativos y que entreguen un sentido mayor. Si incentivamos a nuestros hijos desde pequeños el hábito del ahorro, estamos entrenando con ello personas que tienen una mayor capacidad de regular sus impulsos, que pueden apreciar más lo que obtienen, reconocen el esfuerzo y se sienten más agradecidas, lo cual beneficia sus niveles de bienestar.

Y no está demás recordar que gastar en experiencias tiene un impacto a nuestra felicidad muchísimo mayor y de largo plazo que gastar en objetos materiales o en lujos. Por ejemplo, invertir en educación, en vacaciones familiares, en un viaje, en cursos de jardinería, natación, idiomas u otros, o en objetos generadores de experiencias como una bicicleta con la idea de salir juntos a pasear, puede aportan al crecimiento personal, a generar recuerdos positivos, a asumir desafíos y desarrollar nuevas habilidades.

Para reducir o prevenir el estrés es clave también ser flexibles con aquello que nos proponemos, considerar qué es lo realmente importante y cuáles son las cosas que podemos ir soltando para no vernos sobrepasados. Lo central de las fiestas de navidad y año nuevo es celebrar en familia, compartir positivamente con otros, fortalecer los vínculos con buenos momentos, quizás queríamos, por ejemplo, realizar una cena gourmet con recetas nuevas y sorprender a todos con la comida, pero sí no alcanzamos a comprar a tiempo todos los ingredientes, y eso significará un estrés y angustia que nos quitará el disfrute de la fiesta en si misma, puede ser mejor cocinar algo sencillo o incluso encargar comida. No hay que perder el foco, la flexibilidad no significa renuncia a hacer bien las cosas, sino tiene que ver con cuidarse, saber los propios límites, quererse y saber qué es prioridad y qué no, saber elegir qué deseamos hacer de verdad, aceptando con humildad que no podemos hacerlo todo siempre. Si para nosotros es fuerte el deseo de hacer la cena gourmet, podemos cumplirlo de todos modos otro día invitando a todos a celebrar el simple hecho de estar juntos y así generar un aprendizaje a toda la familia respecto a cumplir lo que uno se propone (aunque no sea en los plazos o formas en que se ideó, la clave es llegar a concretarlo y disfrutar de ese logro).

No todos disfrutan de estas fiestas, por ende es importante respetar a quienes por creencia o ideología prefieren no celebrarlas, no imponerles nuestras formas aunque sí ofrecer alternativas o compañía a quienes están más solos. Si la razón tiene de base el recuerdo de un ser querido del cual nos separamos o que murió en estas fechas, o es primera navidad que no se está con esa persona, puede ayudar dar el espacio para conversar sobre ésto, escuchar y ver de qué modo se desea llegar al fin de año con actividades o decisiones que ayuden a la recuperación. Comer rico en compañía, ver películas, tomarse días de vacaciones en estas fechas o ser parte de grupos voluntarios que celebran las fiestas a otras personas que están en situación de calle, por ejemplo, pueden ser algunas de las opciones para reinventar estas fiestas y darles un sentido positivo.

Como sea que decidas celebrar, no te pierdas a ti mismo en el proceso de planear las celebraciones, disfruta, conectate con lo que sí lograste este año, con lo que sí se logró hacer bien y cuidate… que Diciembre sea un mes con menos estrés y más significado y gratitud por la etapa vivida, depende de tí.

Felices fiestas a todos !!

Mónica

Monica Lopez¿Cómo prevenir el estrés de fin de año?

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