Cuando tu lugar en el mundo cambia…

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Me asombra pensar en la capacidad de adaptación del ser humano…  si bien existe una idea de ciertos cambios vitales que pasamos a medida que vamos creciendo y estamos consientes de los desafíos que vendrán, esto no quiere decir que llegado el momento no sintamos ansiedad por las exigencias que nos imponemos nosotros mismos y la sociedad, presión por cumplir expectativas, un dejo de temor ante lo desconocido e inseguridad frente a la pregunta ¿seremos capaces de lograrlo?

Muchos nos guardamos las ansiedades y hacemos ver que “todo anda bien”, para cumplir con lo esperado socialmente, pero otros no logran esconderlo y expresan sus inquietudes con síntomas… se enferman (colon irritable, gastritis, jaquecas, etc.), se deprimen, estresan o generan otras dificultades que a veces no son tratadas con la suficiente comprensión y acogida. Si pensamos que un 25 % de la población sufrirá alguna vez en su vida una crisis de pánico, las cuales se asocian generalmente a pérdidas o cambios muy significativos, quizás deberíamos estar más abiertos a apoyar y estar más presentes en las transiciones que viven las personas que tenemos a nuestro alrededor.

Me detengo a pensar en tantos cambios, previsibles o inesperados y llegan a mi mente los siguientes:

- Terminar el colegio, las decisiones vocacionales, empezar a estudiar una carrera o trabajar, el comienzo de una mayor autonomía.

- Los alumnos que dejan sus familias, amistades, casa y todo lo que antes les resultaba conocido para partir a otra ciudad a estudiar una carrera.  Más extremo aún cuando te vas de intercambio a otro país o vas a estudiar o trabajar al extranjero.

- Cambiarse de trabajo, ser despedido o jubilarse, la búsqueda de nuevos rumbos.

- La muerte de seres queridos, sobretodo si convivías a diario con ellos.

- Enfermedades o accidentes que te limitan vivir la vida como antes lo hacías.

- Irse de la casa de los padres, vivir solo, casarse, tener un hijo.

- Separarse, pasar de tener una familia a rearmar la vida de un modo distinto.

También hay cambios transitorios en la vida pero que requieren una gran adaptación, como lo sucedido con los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados en una mina y han esperado meses para ser rescatados; astronautas que pasan meses en el espacio alejados de todo lo que antes conocían; personas que por sus delitos caen presos en cárceles donde su libertad y forma de vida cambia rotundamente y tantas otras experiencias…

En lo personal, por motivos laborales de mi esposo, tuve que dejar mi país para vivir 100 días en una isla pequeña, dejando mi trabajo, amistades, familia y todo lo que era conocido para mí. Si bien mi experiencia no es comparable con las del párrafo anterior, la lejanía te ayuda a tomar conciencia de la importancia que tienen algunas cosas en la vida y lo significativo de valorarlas cuando si las tienes contigo.

Con el tiempo, vas entendiendo cada vez con más fuerza, que no importa el lugar donde vivas, ni el dinero que tengas, ni la mayoría de las circunstancias que te toquen vivir, si tienes amor en tu vida es lo que más debes valorar. Momentos como caminar de la mano con tu pareja por un parque, un almuerzo familiar, un abrazo de una gran amiga, un te quiero mirando a los ojos, son los que te dan sentido.

Por otra parte, si pensamos que la mayoría de nosotros pasa gran parte de sus días trabajando, resulta clave encontrar un trabajo que te guste, donde puedas entregar lo mejor de ti y te sientas gratificado. Y si no lo tienes, buscar experiencias similares como voluntariados donde si puedas aportar.

Siempre me seguiré asombrando y sorprendiendo con la capacidad de adaptación del ser humano, pero de algo estoy segura, si tenemos lazos de amor en nuestra vida que nos sostengan podemos enfrentar cualquier cambio o adversidad que se nos presente y si además, contamos con la gracia de haber encontrado un trabajo que nos motive, al cual dedicarnos con entrega gran parte de nuestras vidas, la felicidad fluirá de forma natural…

pd. Si quieren reflexionar un poco más sobre este tema, les recomiendo dos películas argentinas maravillosas de Adolfo Aristarain: “Un lugar en el mundo” y “Lugares Comunes”.

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