El ingreso a la Universidad y sus “rituales de bienvenida”

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La bienvenida universitaria a los nuevos alumnos con el tiempo ha cambiado. Si bien hemos sido espectadores de comportamientos que poco tienen que ver con la “acogida” y que tienden a degradar la integridad de la persona, o incluso ponerla en riesgo, muchas instituciones de educación superior han instado a modificar estas “ceremonias” y transformarlas en un recuerdo más grato, donde no se generen situaciones abusivas por parte de los alumnos más antiguos.

Aún queda por avanzar en este punto. Así, es esencial que los universitarios puedan tomar conciencia del significado de una bienvenida y del buen uso que podrían hacer del poder que tienen sobre otros, otorgado por la experiencia y la antigüedad en la institución.

En este sentido, este poder jerárquico tiende a usarse malamente para someter a rituales desagradables a los más nuevos, dándoles instrucciones autoritarias, cortándoles el pelo, la ropa, manchándolos con pintura, huevos, harina, pescado, o forzándolos a pedir dinero para “recuperar” sus mochilas o zapatos “secuestrados”, entre otras situaciones que probablemente no hayan vivido antes y los hacen sentir una fuerte sensación de humillación, la cual muchos buscan evitar incluso faltando la primera semana de clases para no someterse a estas “bienvenidas”.

La costumbre de ver año a año estas situaciones llevan a que perdamos el impacto o el asombro hacia ellas, llegando a “naturalizarlas” y minimizar su importancia. De este modo, muchos alumnos aceptan estas humillaciones, asumiéndolas de mala gana y sin mucha resistencia, como “parte natural del rito de iniciación”, el cual para muchos no pasa de ser un mal rato que con los años recordarán como una anécdota graciosa incluso, pero para otros el tema va más allá y por eso debemos poner atención a este fenómeno, detenernos a pensar sobre él y producir cambios.

Algunos alumnos que se sintieron fuertemente denigrados, guardan bastante rabia y resentimiento, el cual malamente canalizado los lleva a “vengarse” cuando ellos ostentan la antigüedad necesaria para “recibir” a los nuevos, generando así un espiral de violencia que puede ir en aumento si se suma a la pérdida de límites que da la “naturalización” de la situación.

Para otros, puede ser más grave. Así hemos visto cada año como alumnos han sufrido fuertes daños a su integridad física producto de estas “bienvenidas”: cegueras, quemaduras, lesiones (esguinces, moretones, cortes, etc.), intoxicaciones alcohólicas, entre otras que pueden ser altamente dañinas y constituirse como una mala experiencia que los puede marcar de por vida incluso. Asimismo, existen personas que luego de haber sido afectadas por estas situaciones, presentan efectos negativos a nivel psicológico como: temor de ingresar nuevamente a la casa de estudio, un intenso sentimiento de verguenza entre sus pares (que puede influir en la regularidad de su asistencia a clases), ansiedad, pesadillas, cierto nivel de paranoia, inseguridad, indefensión, sentimientos de haber sido vulnerado y percibirse frágil, disminución de la capacidad de confiar en otros, irritabilidad, tristeza, deseos de venganza, entre otras que según su intensidad y duración, pueden requerir de apoyo psicológico para sobrellevarse.

Es de rescatar que para los alumnos antiguos, el hecho de unirse en un mismo objetivo o “plan de recibimiento para los nuevos”, sintiéndose con mayor poder jerárquico y con la experiencia previa que les da la antigüedad, les ayuda a generar un sentido de pertenencia importante con su carrera y con la institución. Este punto es positivo y por ende, que se reúnan y preparen una bienvenida puede aportarles en su desarrollo, aquí el punto a discutir es cómo llevarán a cabo ésta, si de forma maltratante o acogedora.

En este sentido, es deber, no solo de las instituciones de educación superior, sino de cada familia y de cada alumno (antiguo y nuevo) repensar, conversar y replantearse este proceso. Hay formas y formas de llevarlo, unas mejores que otras.

Como testimonio personal y a modo de ejemplo de los recuerdos que puede generar una bienvenida, puedo decir que el recibimiento que tuve de mi escuela de psicología, si incluyó huevos, vinagre y pintura, entre otras situaciones (como lanzarse a una piscina plástica con pescado podrido y darle un beso a una cabeza de chancho), pero recuerdo con claridad y agradecimiento , pese a estas humillaciones, el cuidado y consideración que tuvieron con cada uno de nosotros: a ninguna mujer le cortaron el pelo ni su ropa, nos manchaban pidiendo incluso “permiso” y cuidando de que no nos cayeran los productos en los ojos, nos decían que era “parte del ritual”, pero ningún alumno de mi generación salió dañado, incluso todos valoramos que luego del paseo que nos dieron por todo el campus mientras aprendíamos todos los himnos y gritos habidos y por haber de la Universidad, nos esperaban con shampoo y hasta nos ayudaron a lavarnos el pelo.

Así, luego de limpiarnos y cambiarnos ropa nos juntaron a todos, nos dieron un discurso emotivo de bienvenida, nos hablaron de algunas experiencias que viviríamos en la Escuela de Psicología y además nos regalaron una “ceremonia de apadrinamiento”, donde ellos habían preparado una lista con cada uno de nuestros nombres y asignado un padrino o madrina de un nivel superior, quien estaría dispuesto a guiarnos, ayudarnos a reforzar algunas materias débiles, prestarnos material, conversar, etc. Con un aplauso se presentó cada uno de los “padrinos/madrinas” con sus “ahijados/as”, con los cuales comenzamos a conversar de inmediato, sintiéndonos todos bastante acogidos. Luego cantamos todos al son de muchas guitarras, llegó la música y la celebración, un asado compartido y mucho disfrute, sin excesos. Fue memorable.

Esta experiencia personal ejemplifica que pueden haber “formas y formas” de llevar una “ceremonia de bienvenida”. Quisiera recalcar el poder de los círculos virtuosos en este tema… si fuiste bien acogido, con cuidado, respeto y cariño, es más probable que luego prepares una bienvenida en esa misma línea, pues sabes por experiencia lo significativa que puede ser.

Por eso la invitación está hecha a repensar estas prácticas, instando a entregar una mejor acogida a quienes ingresar a esta nueva etapa universitaria. Generemos círculos virtuosos, todos somos responsables de construir un modo de relacionarnos que sea enriquecedor y genere buenos recuerdos a futuro…

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