¿Es posible vivir sin miedo?

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Muchas veces me he cuestionado este tema y creo que no es menor, dado el impacto que tiene en nuestras vidas… por este motivo, creo que es esencial en algún minuto detenerse y revisar ¿cuál es el peso que tiene cada uno de nuestros miedos? ¿cómo nos afectan? ¿haríamos algo distinto en nuestras vidas si no tuviésemos miedo?

No siempre resulta fácil la distinción entre tener cuidado, cautela o prevenir ante determinadas stuaciones, y lo que significa vivir con miedo…

Desde pequeños somos bombardeados por frases que influencian nuestra seguridad respecto al mundo en que vivimos, quiénes somos, quiénes nos rodean y cómo funciona todo. Y es cierto; en la vida:

 Te puedes caer y herir gravemente.

- Te puedes enfermar.

- Te puedes morir.

- Puede pasarle todo lo anterior a un ser querido.

- Puedes confiar y decepcionarte.

- Puedes entregar lealtad y recibir deslealtad.

- Pueden engañarte, robarte, estafarte, mentirte.

- Puedes enamorarte y no ser correspondido.

- Pueden burlarse de ti, humillarte, ofenderte e incluso golpearte.

- Puedes perder tu pareja.

- Puedes perder tus amigos.

- Puedes perder tu trabajo.

- Puedes perder tu dinero, tu casa y todo lo material.

- Puedes perder el rumbo y no saber lo que quieres.

- Puedes desmotivarte, deprimirte, estar ansioso, generar trastornos…

- Puedes equivocarte…

Pueden pasar muchas cosas… pero finalmente, si vivimos con miedo, tenderemos a retraernos para que “nada malo nos pase” y eso lamentablemente lleva a que menos cosas buenas nos pasen también…

Muchas veces luego de una experiencia difícil podemos tender a replegarnos, sentimos que ya lo hemos intentado y no queremos volver a hacerlo, se pierden las fuerzas y queremos alejarnos de todo lo que amenace nuestra seguridad, el problema empieza cuando más allá de detenernos un momento a procesar el dolor (lo cual resulta generalmente necesario antes de seguir adelante como si nada), construimos fortalezas tan grandes que nos vamos alejando de la vida misma…

Dicen que todo cambio es un riesgo, pero también es una oportunidad para empezar de nuevo, rearmarnos, construirnos desde otro punto de partida, con nuevos aprendizajes en base a las caídas, pero no a todos les resulta tan simple enfrentar y sobrellevar los miedos y seguir adelante. Depende de cuan optimistas o pesimistas hemos aprendido a ser, de nuestra capacidad de resiliencia (salir adelante pese a las adversidades), de lo sobreprotectores que puedan haber sido nuestros padres, su visión respecto a si el mundo es un lugar agradable u hostil, y la que nosotros llegamos a construir en base a nuestras experiencias, de la red de vínculos que hemos construido, de la ayuda a la cual podamos recurrir, depende de muchos factores y también de la rabia o el amor que nos guíe en nuestras acciones.

Recuerdo la notable escena donde el padre de Bruce Wayne (en Batman), le dice a su hijo quien había caído a un pozo infectado de murciélagos: “¿por qué nos caemos?….. para aprender a levantarnos…” y luego le enseña que todas las criaturas tienen miedo, independiente de lo fuerte o monstruosas que sean…

Es difícil vivir sin miedo en realidad… Creo más bien que el punto es sobreponerse al miedo… transformar tus miedos en fortalezas, en formas de enfrentar las cosas, en aprendizajes que nos ayuden a no cometer los mismos errores y en saber más bien convivir con ellos restringiéndoles su área de acción para que no te inunden…

Vivimos con temor a cometer los mismos errores de nuestros padres, pero al final podemos cometer otros, los padres temen que sus hijos cometan los mismos errores, pero al final, no hay que protegerlos de sus propios errores, sino que enseñar a enfrentarlos, a sobrellevar las caídas mas que prevenirlas… Los hijos tarde o temprano se van a caer por mucho que queramos protegerlos y ahí se estará para apoyarlos y acompañarlos a levantarse, a enseñarles formas de cómo hacerlo, de cómo mantener la esperanza y optimismo, de no rendirse después de caer…

En general, le tememos a lo que no entendemos, a lo desconocido, a todo lo que pueda amenazar nuestra sensación de seguridad (que finalmente es aparente, pues todo está en constante movimiento y lo único permanente y seguro es el cambio…) Tenemos temores justificados y otros que pueden llegar a sonar absurdos, podemos sentir pánico con una polilla o aterrarnos con pesadillas respecto a los extraterrestres, pero independiente de lo razonable o no que puedan ser nuestros miedos, todos hemos sentido miedo alguna vez en la vida.

Existen formas de manejarlo, cognitivas, espirituales, técnicas de relajación, entre tantas otras. También se sugiere el trabajo en la línea del “desapego” para así no vivir en el miedo o tener creencias guías como “pase lo que pase, todo estará bien, pues si las cosas van bien las disfrutaré y si no, podré salir adelante, o buscaré ayuda, o aprenderé de la caida y esto me fortalecerá cuando me levante de ella. Aunque no la comprenda ahora, con el tiempo podré darle un sentido a la experiencia”, una mirada que puede dar mayor confianza en la vida y en nuestra capacidad de vivirla… En fin, cada cual tiene su camino.

Cuando pequeños creemos que somos “superhéroes” y tenemos vivencias como tales, yo de verdad sentía cuando tenía 4 a 5 años que tenía el poder de volar por 3 a 4 segundos cuando saltaba más de 2 escalones al bajar una escalera, y me emocionaba e incluso pensaba que si me entrenaba lo suficiente saltando muchas escalas quizás iba a volar algún día… fantasías que me encanta haber vivido, jajaja como cuando grité “yo soy sheeeeraaaa (la heroína de los dibujos animados He-Man que tenía grandes alas)” y caí de ese muro al suelo en un PLAF!!!  Que fue realmente de otro mundo, jajajaj…. Si, cuando somos pequeños sentimos que nada nos va a suceder, nos atrevemos a hacer más cosas, pero nos falta prudencia, con el tiempo algunos aprendemos a tener miedo cuando salimos dañados y vemos los cuidados que nuestros padres pueden darnos y la preocupación que podemos generar, entendiendo que debemos tomar más precauciones, y digo algunos pues hay quienes no aprenden nunca a cuidar de si mismos y también les cuesta desarrollar el cuidado de otros.

Creo que el miedo no siempre es malo de todos modos, es negativo cuando es irracional y te paraliza, te repliega, te interfiere en la posibilidad de ser feliz, pero el miedo puede ser un motor a cuidar más tus relaciones, a valorar más lo que tienes en tu vida en vez de quejarte de lo que te falta… El exceso de seguridad hace a veces dar las cosas por supuestas y descuidar…. Eso de  que uno no valora las cosas hasta perderla es tremendo, por qué esperar a eso, por qué no apreciar de verdad lo que sí existe en nuestra vida, por qué no cuidar, cultivar, enamorar día a día, decir te quiero, pedr perdón, dar las gracias, dejar de esperar el momento perfecto y hacer las cosas de corazón…

Creo que por eso quienes viven con sus temas más resueltos, aceptándose y queriéndose tal cual, sin pendientes emocionales consigo mismo y con otros, logran sentirse más en paz, con menos angustia y miedo, valorando lo que se tiene y atentos a los riesgos de perder aquello que te hace feliz y por ende dedicando activamente más tiempo a cuidar esas situaciones o personas.

En este sentido, entre libro y libro se me apareció una metáfora bella que quiero compartirles…. el filósofo alemán Schopenhauer pensaba que los seres humanos enamorados son como puercoespines en una fría noche de invierno… para no congelarse se arriman unos a otros, pero en cuanto se acercan lo suficiente para darse calor, se pinchan entre sí con las púas. Entonces, para detener el dolor y el sufrimiento de la cercanía, los puercoespines se separan. Y una vez separados les entra el frío, que les hace acercarse de nuevo hasta que vuelven a pincharse con las púas, entonces se alejan una vez más…. Hasta que vuelven a acercarse por el frío… y así lo siguen haciendo eternamente… Es una eterna lucha por encontrar la distancia cómoda entre el dolor y el frío… Entre estar y no estar, entre la entrega y la confianza o el recelo y la distancia por temor a salir dañado. Temor a vincularse por temor a que luego te dañen o abandonen, temor a estar solos, temor a creer…

Las encuestas hablan de que una de las razones que más afecta la felicidad de los chilenos es nuestro individualismo y desconfianza… ante las instituciones, ante los otros, nos sentimos inseguros, vulnerables, sentimos miedo…

Creo que confiar o desconfiar, son dos caminos que se construyen y reconstruyen durante toda la vida, pero también creo que hay matices, hay confianzas ingenuas, prudentes, inteligentes, poco convenientes, llenas de esperanza, mal retribuidas entre muchas otras… pero creo que siempre es mejor confiar, como decía Rousseau, “el ser humano es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe”. En esta línea, creo más bien que hay aprendizajes desafortunados, personas que no pueden ser más bondadosos porque no saben cómo, no tuvieron ejemplos de ello, creo en estos casos es mejor la compasión y el perdón, que la rabia y el juicio al otro por su “maldad”… desde esta idea, creo mejor confiar una y otra vez, pues vale la pena abrir el corazón, pues vale la pena amar y ser amado, aunque en el camino juntes algunas cicatrices…

Es en este sentido que quiero terminar esta reflexión con una frase que resume lo aquí planteado y que sin duda es una invitación a pensar la vida distinto…

“La valentía no se trata de no tener miedo, sino de actuar a pesar de él…”

Un abrazo lleno de amor para todos…

Mónica

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