La búsqueda de la felicidad…

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En 1998, cuando Martin Seligman fue nombrado presidente de la Asociación Americana de Psicología plantea en su discurso que “la psicología está en deuda, pues ha descuidado el estudio y la aplicación de lo que vale la pena vivir en la vida… El tiempo ha llegado para que la psicología vuelva al equilibrio y también se enfoque en lo que está bien en la personas incluyendo la felicidad, el bienestar y las fortalezas (…) la gente quiere algo más que poner fin a sus sufrimientos. La gente quiere llevar una vida con satisfacción y sentido, cultivar lo mejor de ellos mismos y mejorar sus experiencias personales, familiares, de trabajo y en la comunidad… Tenemos la oportunidad de crear una ciencia y una profesión que no sólo cure daños psicológicos, sino que también desarrolle fortalezas para permitir a las personas lograr lo mejor de ellas mismas en la vida…”.


Así, la psicología positiva empieza a surgir con fuerza como un nuevo movimiento dentro de nuestra área y empieza a construirse la ciencia de la felicidad, volcando el interés de los investigadores hacia temas como el amor, el perdón, la gratitud, la generosidad y todo aquello que nos ayuda a florecer, a sentirnos en bienestar y a llenar de sentido nuestra vida. Todo esto sin olvidar o negar el dolor o la patología, pues la idea es complementar el trabajo que ha existido hasta ahora. Y ante esto se entregan ciertas guías de afrontamiento positivo y ejercicios terapéuticos que han sido de ayuda para la depresión y una serie de trastornos. Es importante esta aclaración, pues muchos creen que la psicología positiva se trata solo de caritas felices y no es así.

El 19 de Julio del 2011, la Asamblea General de la ONU declaró que la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental y llamó a sus estados miembros a elaborar medidas que reflejen mejor la importancia de este objetivo en el desarrollo, pues el PIB o producto interno bruto no basta como indicador. Además, hizo un llamado a generar nuevas guías para las políticas públicas que consideren el bienestar de la población. Parece que vienen buenos tiempos…

El mundo está cambiando, y si bien siguen pasando muchas situaciones de conflicto, dolor y desigualdad, cada día nos volvemos más concientes de lo importante que es la búsqueda del bienestar en todos los ámbitos, desde cuidar nuestro planeta y generar estrategias de desarrollo sustentables, a repensar nuestra educación, la economía, el fomento de hábitos saludables, lo esencial que es detener el piloto automático para mirarnos y escucharnos más, cuidar y valorar lo que tenemos, ser felices no sólo en lo individual sino también con otros.

Porque todos queremos ser más felices, y ser feliz trae múltiples beneficios… las personas más felices viven más y de forma más saludable, tienen más amistades, mejores relaciones de pareja, son activas en trabajar por sus objetivos y los cumplen con mayor probabilidad, incluso ganan más dinero pues son más creativas y productivas, además de buscar trabajos o actividades paralelas que disfrutan y les dan sentido, tienden a salir más rápido de las dificultades y a superar mejor el sufrimiento, pues son más resilientes.

Sabemos que la felicidad hace bien, pero no siempre sabemos cómo ser más felices… Sonja Lyubomirsky el 2008 nos entregó un modelo muy interesante para poder entender qué determina nuestra felicidad. En base a sus investigaciones, observó que alrededor del 50% de la felicidad depende de nuestra genética, bueno ante ese dato algunos se desanimarán si tuvieron padres más tristes y gruñones, pero algunas experiencias vitales significativas pueden modificar nuestro cerebro dada su plasticidad y aún nos queda algo más por hacer que ya iremos viendo.

El 10% de nuestra felicidad depende de nuestras circunstancias, las cuales están muy sobrevaloradas: dinero, salud, belleza, estado civil, lugar donde vivimos, entre otros. Muchas veces caemos en decir “sería tan feliz si fuera más delgada, si tuviese un poco menos de aquí y un poco más en otras partes”, pero las personas que se someten a operaciones estéticas aumentan su nivel de felicidad solo al principio y a los 6 meses ya vuelven a su mismo nivel de felicidad original, pues se acostumbran rápidamente a su nuevo estado. Asimismo sucede con las cosas que compramos, son placeres que nos dan felicidad momentánea pero con el tiempo pierden valor. Basta ver los niños que desean fervientemente el nuevo superjuguete ultramegaúnico que acaba de ver en el comercial, pero que al rato de tenerlo queda acumulado junto a todos los demás. Es el círculo del consumo.  De hecho, una vez que satisfaces tus necesidades básicas, ganar 1 o 2 millones más no hacen gran diferencia en la felicidad. Lo que sí influiría en la felicidad es cuando decides gastar tu dinero en los demás y actuas desde la generosidad, no sólo para comprar cosas para tí.

Y nos va quedando el 40 %, que tiene que ver con qué actividades podemos hacer nosotros para incrementar nuestra felicidad. Las investigaciones han demostrado que mantener una actitud de gratitud, trabajar el perdón, ser generosos, cultivar el optimismo, practicar la amabilidad y cuidar nuestras relaciones, desarrollar estrategias para enfrentar las dificultades, fluir y saborear las alegrías de la vida, comprometerte con tus objetivos, generar un proyecto de vida con sentido, practicar la espiritualidad, la meditación y la actividad física, son aspectos que incrementan significativamente nuestro bienestar.

El llevar un diario de gratitud, por ejemplo, donde cada día escribas al menos 3 cosas buenas que te ocurrieron, puede ayudarte a visualizar aquellas cosas que sí tienes, más que enfocarte en aquello que no. No tienen que ser grandes cosas, podemos agradecer la ducha con agua caliente que disfrutamos en la mañana, un almuerzo exquisito, las risas de nuestros hijos o incluso las dificultades diarias, pues nos pueden enseñar y hacer crecer.

Se ha estudiado también que hacer un acto de generosidad a la semana puede generar un cambio interno potente e incrementar nuestro bienestar. Es cosa de proponérselo y de tener los ojos abiertos pues oportunidades hay muchísimas. Definitivamente, hay gestos que ayudan a construir confianzas y la idea de que el mundo es bueno, y es mejor creer en él que refugiarse con miedo entre paredes que nosotros nos construimos para que nadie nos haga daño. Al final, puede que seamos menos dañados si nos encerramos, pero también nos perdemos la posibilidad de encontrarnos personas increíbles y experiencias enriquecedoras. Creo que vale la pena arriesgarse y confiar…

Por otra parte, es clave pedir ayuda cuando la necesitamos, y no jugar a ser super hombres o super mujeres que van por la vida resolviendo todo, llevar una vida espiritual o hacernos cargo de trabajar nuestras dificultades puede ser un avance para estar más en paz. Perdonarse uno mismo, perdonar a otros, no guardar rencor y entender que perdonar es algo que te beneficia más a ti que a quien perdonas pues puede que ni si quiera se entere. Perdonar no significa olvidar ni reconciliarse, solo se trata de liberar la rabia que guardas dentro de ti. Sentir que no tienes deudas pendientes, que podrías morir hoy y que aunque siempre hayan sueños o deseos que te hubiesen gustado realizar si tuvieses más tiempo, sentir que estás en paz y agradecido de lo que te ha tocado vivir, que has entregado lo mejor que has podido entregar en tu vida, y digo podido pues a veces quisiéramos haber dado más, pero también hay que aceptar que muchas veces hacemos lo mejor que podemos hacer con las habilidades que hemos aprendido en esta vida y no hay que tratarnos tan dura y exigentemente.  A veces nosotros mismos, somos a quien peor tratamos y en eso claramente debemos estar atentos pues hay que amarnos primero para poder entregar amor a otros.

Es importante también tener un proyecto de vida que nos llene de sentido, que sea flexible y desarrollar la habilidad de encantarnos con lo impredecible que es la vida, pues las cosas no siempre salen como deseamos, pero lo importante es valorar lo que nos sucede, encantarnos con los cambios y los regalos que trae la vida, quizás la llegada inesperada de un hijo, el despido de un trabajo o tantos otros sucesos remueven nuestro proyecto, pero son oportunidades que nos enseñan de qué está hecha nuestra esencia finalmente. No dejemos de soñar y de celebrar cada logro. Cuántas veces hemos estado centrados en que tenemos que alcanzar una meta que nos propusimos y al llegar a ella, en vez de detenernos a celebrar, pensamos en la que viene ahora… es un ciclo perverso. Pensemos en los estudiantes por ejemplo, aquel que lucha por pasar álgebra, que pasa noches con litros de café y no se da por vencido en el estudio, que todo el año se esfuerza y pese a que al principio sus notas son un desastre, que no logra entender en qué idioma está hablando ese profesor, persiste y logra pasar ese ramo, y cuál es la frase que más escuchamos??? Bueno, ya está.. ahora viene álgebra 2 !!! en vez de saltar, gritar de felicidad extasiado y orgulloso de todo lo que ha hecho por llegar hasta ahí, sentirse feliz de haber aprendido el valor del esfuerzo, y juntarse con sus amigos o familia a celebrar ese logro !!! Creo firmemente que en la vida debemos celebrar a otros y a nosotros mismos tanto como podamos.

Y cuando hablo de otros, no quiero dejar de mencionar su importancia. Si nos preguntamos qué es lo que nos hace más felices en la vida, la respuesta suele ser las relaciones… los hijos, la pareja, los amigos… cultivemos entonces esos lazos, no nos encerremos, démosle el tiempo que se merecen. Dejemos el celular a un lado por un rato… La tecnologia puede ser una ayuda para mantenernos conectados, pero es triste ver a las parejas en los restaurantes cada una hablando por whats app quien sabe con quién, o los padres que ponen más atención a los comentarios de los amigos de facebook en la foto de su hijo que acaba de subir, en vez de escuchar a su hijo que está intentando hablarles hace 1 hora… Todavía estamos a tiempo de cambiar eso, de valorar las relaciones que podemos formar con la persona que tenemos al frente más que con nuestro teléfono. Pasemos tiempo de calidad con los demás, un café conversado sin celular de por medio, les aseguro sigue siendo más gratificante.

Para integrar algunas de estas ideas, quisiera hablarles del metro… para los que no lo usan habitualmente, les cuento que es un medio de transporte público que suele estar muuuuy lleno de gente sobretodo en horas punta, donde todos se chocan, apretan y pasan a llevar. En fin, he descubierto que el metro es una gran oportunidad para ejercitar muchas cosas que nos ayudan a ser feliz, como el optimismo al creer que todo estará mejor en la próxima estación y sentir que la incomodidad es solo algo transitorio, la amabilidad para dejar bajar antes de subir o ayudar a otros a subir coches de bebés por las escaleras, la generosidad de ceder el asiento y de fluir en el espacio haciendo que el tránsito sea mejor, el enfrentamiento positivo ante dificultades al no amargarse por recibir empujones o pisotones, sino más bien buscar el mejor lugar posible para estar, teniendo una actitud colaborativa o empatizando con todos los que están ahí en la misma situación, la gratitud y valoración ante el hecho de que puedo llegar más rápido a casa, de forma más económica y evitando tacos de cientos de autos, el perdón ante el individualismo de algunos que solo velan por sus intereses y hacen más incómodo el viaje a todos, incluso podemos hacer actividad física subiendo por las escaleras en vez de tomar las mecánicas o el ascensor. Pero sobretodo, es una oportunidad para detenernos y darnos cuenta si estamos viendo a los otros realmente, si tenemos cuidado en nuestras relaciones con los demás.

Creo que valiosos momentos pueden ocurrir solo si miramos y escuchamos al otro con amor, sin miedo o desconfianza constante por la idea de que pueden hacernos daño, sino con fe de que está en nosotros hacer un mundo distinto, construir una vida más feliz para todos y trabajar juntos en este objetivo humano fundamental que es la búsqueda de la felicidad.

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