La revelación del embarazo: ilusiones, expectativas y complejidades

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Qué alegría cuando llega un embarazo que habíamos deseado en pareja, son tantas las ilusiones, las expectativas, que muchas veces buscamos comunicarlo de una manera especial, si bien a algunas nos gana el impulso y salimos corriendo a gritarlo o hacemos de inmediato una llamada para decirlo por teléfono pues no aguantamos la espera para ver al padre de nuestro bebé, otras preparan sorpresas, dejan el test en un lugar visible para que sea descubierto, regalan chupetes o prendas de bebés a sus parejas o algunas más creativas pueden pintarse con plumón el vientre y escribirse “papá ya vengo!!!!”, jajaja. Es motivo de alegría, momento de esperanza, de entusiasmo por agrandar la familia, felicidad mutua y que queremos compartir con todos nuestros cercanos…

No obstante, un embarazo no siempre es algo que surge de forma esperada o como parte de un proyecto mutuo. A veces llega producto de una relación de pareja estable, en una etapa vital en la que tenemos cierta autonomía y madurez como para recibir la maternidad sin tanta complicación y la revelación surge más bien como una conversación respecto a cómo van a afrontar la paternidad que los unirá.

Es cierto que siempre hay dudas, por ser una situación imprevista, no sabemos realmente cómo reaccionará el otro, sentimos temores, angustias, respecto a si se podrá contar con la pareja para que esté siempre presente como padre o quedaremos solas en esta tarea, cuál será el futuro de la relación, si seguirá conmigo porque me quiere a mí o por el bebé, nos cuestionamos si era la persona con la cual queríamos formar familia, si será buen padre, entre tantas otras preguntas que inquietan, pero sentimos que podemos asumir este desafío y existe confianza de que todo saldrá bien, incluso si la familia se ofusca y hay peleas, muchas mantienen la ilusión y la expectativa de que los abuelos por muy resistentes a la idea que sean, tarde o temprano caerán derretidos ante la dulzura de un bebé, pudiendo así contar con su apoyo si es que éste no surgiera de inmediato.

Pero existen otras situaciones donde el bebé surge de forma inesperada y no nace de una relación estable o sentimos que llega en un momento vital en que se nos puede hacer más difícil asumir la tarea de la maternidad, por ejemplo en la adolescencia… En estos casos la angustia suele ser intensa y los sentimientos van emergiendo, se mezclan, varían del miedo o incluso pánico, pasando por la rabia, tristeza, inseguridad, soledad hasta llegar en muchos casos a la aceptación y tranquilidad. Es por esto, que el apoyo de alguien significativo en esta etapa de tanta variabilidad emocional, puede ser fundamental para asumir los pasos siguientes.

En estos últimos casos donde el bebé surge inesperadamente fuera de una relación o dentro de un contexto complejo, una de las primeras decisiones que se toman al saber del embarazo, es si contarle o no al padre del bebé. Un hijo une a dos personas a través de la paternidad, pues siempre, quieran o no, serán los padres biológicos de ese hijo. Es por esto, que algunas mujeres ocultan su embarazo al padre para evitar dicha unión, sobretodo si sienten que este padre puede ser una complicación o incluso una amenaza en la vida propia o del niño, por ejemplo, si éste es un total desconocido, un agresor sexual, un hombre casado, un hombre con problemas de drogas, si posee una enfermedad mental compleja, es maltratador, vive en el extranjero, entre tantos otros motivos. Así, no solo existen madres solas porque el padre no quiso hacerse presente en la crianza, sino también algunas por decisión netamente propia.

Por otra parte, no hay que dejar fuera las mujeres que deciden ocultar al padre biológico el embarazo puesto que prefieren atribuírselo a otro hombre con el cual tenían una relación más estable (pareja o esposo) y les da más seguridad para plantearse en la tarea de la paternidad en conjunto. Aquí la ansiedad principal frente a la revelación cruzada es que al ser parte de un engaño, existe el miedo a ser descubierta, a que el otro no crea, a que el bebé sea muy distinto físicamente al padre que elegimos (que no fue el biológico precisamente), por lo que la angustia acompaña todo el embarazo siendo más difícil encontrar la calma interior… En estas situaciones es vital buscar ayuda, preferentemente ayuda profesional, por ejemplo un terapeuta que pueda contener, orientar o ayudar a pensar respecto a si es la decisión que realmente quiere para su vida y la de su hijo, las implicancias de la honestidad, entre otros aspectos que pueden llevar a decisiones claves para la vida.

De todos modos, si el padre no está presente, ya sea porque la madre decidió no contarle sobre este hijo, o porque él al enterarse no quiso hacerse cargo, es de considerar que la ausencia puede ser algo mucho más simple y sano de elaborar para el niño, si conoce la verdad desde un inicio, que si se revela a pedazos detrás de omisiones, rumores, mentiras u otros factores que pueden dañar más que ayudar…
Así, es necesario entender que aunque un padre no esté siendo parte activa de la vida de su hijo, el otorgarle un “lugar”, el que el niño pueda saber quién es y por qué no está presente (con explicaciones sinceras, pero acordes a su etapa del desarrollo), puede ser una forma mucho más sana de ofrecerle una familia monoparental.

Un ejemplo que nos permite visualizar la importancia de saber la verdad y de darle un lugar a cada miembro de una familia (presente o ausente), es la adopción. Si bien en Chile la adopción es “cerrada” y ni el niño (hasta los 18 años) ni sus padres saben quiénes son los padres biológicos, se recomienda siempre decir la verdad a este hijo respecto a su condición de adoptado, puesto que diversos estudios validan la importancia a nivel psicológico de conocer la situación de vida en que está desde un inicio, pues crecer sintiendo que hay algo que se le oculta, algo que no encaja del todo, la percepción de que se está siendo engañado por quienes más confía y por ende, la dificultad para lograr una identidad clara, puede ser más perjudicial que una verdad dolorosa.

Algo similar ocurre cuando el niño siente que la historia que su madre le relata respecto a la ausencia de su padre no es clara, oculta algo, es inconclusa o no logra comprenderla del todo. Se produce angustia, incertidumbre, cuestionamientos, pero muchas veces para proteger a la madre y para evitar una conversación que pueda dañarla, los niños prefieren quedarse con sus dudas e intentar seguir sus vidas restando importancia a la figura paterna.

En este sentido, si bien hay verdades que pueden doler, la sinceridad respecto a la situación (adopción, padre ausente por decisión propia o de la madre, etc.), la oportunidad de que el niño pueda darle un lugar a esa persona ausente en vez de negarla o minimizar su importancia, además de la opción de conocer sus orígenes y acceder a sus padres biológicos si es que lo desea, siempre puede ser valiosa, ya sea que tome la opción de conocerlos o no, el solo hecho de que esté esa posibilidad puede ayudar bastante. Así, aunque el padre no esté presente, el que la madre sepa siempre cómo poder encontrarlo si es que el niño quisiera conocerlo más adelante, es fundamental.

Por otra parte, en el caso de que el embarazo surja en la adolescencia, las preguntas y angustias suelen multiplicarse, pues aún existe dependencia de los padres, se está en un período en que lo central son los estudios y la estabilidad de las parejas es relativa, surgen inquietudes como: ¿reconocerá a mi hijo como propio también o me dejará sola?, ¿me aportará económicamente o deberé trabajar?, ¿deberé dejar mis estudios?, ¿tendremos que vivir juntos ahora o seguiré donde mis padres?, ¿cómo reaccionarán sus padres? entre tantas otras que también se empieza a cuestionar el hombre, dudas que implican situaciones emocionales y prácticas, pero que al irlas conversando en pareja y adquirir ciertas claridades, ayudan a calmar la ansiedad y saber mejor cómo enfrentar esta nueva tarea.

En el mejor de los casos, luego de revelar el embarazo, el padre al saber la noticia se alegrará, asumirá su responsabilidad en la labor de la crianza, apoyará a la madre en esta tarea y se hará partícipe del proceso desde el inicio, pero esto no siempre sucede así… en ocasiones, el padre siente temor y por distintas razones (inmadurez, otra relación de pareja, etc.), niega su paternidad o se aleja. Si bien, a veces el tiempo ayuda a que decanten las emociones e impulsos iniciales, pudiendo cambiar de opinión e intentar un nuevo acercamiento a la paternidad, lo importante es que la madre pueda contar, o buscar en caso de no tenerla previamente, una red de apoyo social y familiar significativa que la ayude a transitar por esta nueva experiencia, además de entregarle contención, ánimo y fuerza para ir construyéndose como madre.

No obstante, hay que reconocer que en algunos casos, revelar el embarazo a la familia de origen puede sonar muy lejos de ser aliviador, sobretodo si eres adolescente… el temor a defraudar a los propios padres, a los gritos, amenazas, castigos, a que incluso te puedan expulsar de casa, entre tantos otros, puede ser aterrador e incluso percibirse como más difícil que la decisión misma de asumir la propia maternidad. Por esta razón, es que en cada caso es importante pensar si esta noticia debe darse sola o acompañada, ya sea por el padre del bebé o por un tercero que pueda protegernos en caso de que percibamos que al revelar se corre el riesgo de maltrato. En muchas familias, si bien puede existir en los padres un desconcierto, impacto y enojo inicial, el saber que serán abuelos y comenzar a participar del proceso, ayuda a que pueda ir cediendo la rabia, dando paso a la aceptación y acogida hacia esta nueva vida.

Es de mencionar que, si bien frecuentemente vemos madres y padres jóvenes que tienden a ocultar lo más posible el embarazo de sus padres, esto no siempre es de gran ayuda. Los secretos guardan ansiedad y nos tensan, el sentir que se está ocultando algo a los padres, vivenciar con miedo o vergüenza una situación que puede ser tan hermosa, el perderse el disfrute que es el sonreír libremente cuando se siente una patadita en el vientre, es un costo muy alto. Por otra parte, está demostrado que si destinamos más tiempo a pensar en este bebé, esperarlo, imaginarlo, hacerle un espacio en nuestra vida (en lo práctico y en lo emocional), el apego que sintamos por él será mayor.

Al ocultar a los abuelos su condición, también los estamos privando de desarrollar este vínculo desde antes, sino imagínense ustedes mismos, ¿se sintieron de inmediato en el rol de madre y padre?, ¿no se sintieron sorprendidos al inicio?, ¿les tomó un tiempo hacerse la idea y comenzar a funcionar desde esta otra posición? pónganse en el lugar del otro y piensen ¿cómo sería para ustedes si a un par de meses les dijeran “serán padres”?, ¿no hubiesen agradecido haber tenido más tiempo para prepararse y hacerse la idea de que llegaría un bebé a la vida? Bueno, muchos abuelos también necesitan tiempo…

Como sea, el saber que serán padres es una noticia crucial y constituye uno de los cambios más importantes en la vida de una persona, por este motivo, poder compartir esta noticia con otros es esencial. Viene un niño en camino, no estarán solos y menos si hacen partícipe a su entorno de aquello que están comenzando a vivir. Llevar esta situación como un secreto, en soledad, solo los dañará y restará oportunidades de apoyo, alternativas y consejos que pueden aportarles.

Mucha suerte en este camino de maternidad y paternidad que recién comienzan, que si bien puede estar lleno de inquietudes y temores iniciales, estoy segura que será una de las experiencias más hermosas que tendrán en la vida…

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