¿Por qué ir a terapia de pareja?

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Muchas parejas ven la terapia como último recurso antes de separarse, “ya intentamos todo, si esto no resulta, entonces no queda más opción…” y ahí es cuando uno piensa… qué pena que no llegaron antes… quizás podrían haberse evitado unas cuantas heridas o haber maniobrado mejor el barco antes que sufriera tantos quiebres… quizás podrían haberse construido nuevas formas de comunicarse o reparar, quizás… quizás…

Pero también es cierto que cada vez más parejas tienen conciencia y humildad para pedir ayuda más tempranamente, la terapia es una opción cada vez más validada y que ya no es sinónimo de debilidad sino de valor por reconocer tus propias limitaciones y ser capaz de detenerte y buscar apoyo, no sólo ante problemas significativos sino también para prevenir dificultades mayores de las cuales empiezan a ver indicios. Así, ya no es tan extraño recibir parejas de pololos, parejas a punto de casarse o recién casados aún en la etapa de luna de miel que se angustian ante la aparición de algún problema o situación que podría agravarse más adelante.

Es que cuando los medios te empiezan a bombardear de que el 50 % de las parejas se separan y empiezas a ver en tu entorno reflejada esa realidad, todos sentimos miedo… se hace necesario cuidar más la relación, no queremos que sea algo desechable, que si no nos acomoda podamos tirarla, queremos confiar en el otro, en lo que estamos construyendo, nos resistimos, muchos de nosotros queremos creer en que el “para toda la vida” SI es algo posible y no necesariamente aguantando como mártires una vida de sufrimiento y sacrificio para evitar la separación, sino aprendiendo, creciendo juntos, aceptando al otro en sus luces y sombras, sintiendo que somos mejores personas gracias al otro, que hay apoyo, cariño, respeto y que aunque no todas las cosas son como nos gustarían que fuesen, valoro al compañero o compañera que elegí para caminar en esta vida.

Suena bonito en teoría… aunque todos sabemos que cuesta bastante mantener un buen matrimonio en estos tiempos, pero es posible y es enormemente gratificante, por esta razón es importante dedicarle tiempo, atención y fomentar algunas habilidades claves que los ayudarán a sobrellevar los momentos más difíciles, como una buena comunicación, confianza, entrega, disposición para asumir los errores y aprender.

En este sentido, la terapia de pareja surge como un espacio donde pueden aprender y crecer juntos, reencontrarse, prevenir, fortalecer, reparar heridas, resolver conflictos y llegar a acuerdos, tomar decisiones, aprender a discutir, equilibrar temas de poder, reordenar roles, mejorar la comunicación, ver la responsabilidad propia en la dinámica de la relación y cómo podemos contribuir a mejorarla, favorecer una mejor convivencia, lograr un mayor entendimiento el uno del otro, aumentar el respeto y la valoración, elegirse nuevamente o pensar en la separación y en cómo sobrellevar la situación de la forma menos dañina posible, sobretodo si hay hijos.

A continuación, les comento algunos de los motivos por los que consultan más las parejas y dentro de ellos, algunas de las temáticas que se trabajan:

- Dificultades de Comunicación: muchas veces arrastramos dolores o dificultades sin resolver por no expresar adecuadamente las necesidades, de una forma en que el otro pueda escucharme de verdad (sin sentir que está en un campo de batalla donde lo que le digo es un ataque del que debe defenderse), mostrar que aunque algo no sea importante para el otro para mí sí lo es y valoraría que mi compañero lo considerara… El poder comunicarme con el otro, expresarle qué pienso y siento cada día, qué quiero, qué cosas estoy viviendo, cuáles son mis inquietudes, mis intereses, mis logros y dificultades, ayuda a que el otro pueda conocerme mejor, sepa en qué situación estoy, pueda brindarme apoyo si ve que lo necesito (es importante no sólo esperar que al otro le nazca, sino también aprender a pedir con claridad).

Si siento que el otro no me escucha, tengo dos alternativas… dejar de expresar y así distanciarme como consecuencia o conversar en pareja sobre ésta sensación y buscar una nueva forma donde si pueda sentirme más escuchada y el diálogo sea posible.

Es clave comunicarse con respeto, saber escuchar empáticamente al otro, ponerse en su lugar ¿cómo se sentirá al escuchar lo que le estoy diciendo?,  pedir disculpas ante nuestros errores, mostrar interés por lo que el otro quiere decirnos, entre otras habilidades que pueden aprenderse.

Es importante entender que siempre comunicamos, nuestros silencios pueden interpretarse como rechazo, indiferencia, cansancio y afectar nuestra autoestima, cansarnos de hablar y hablar y no recibir respuesta prácticamente. El diálogo se construye, lo no hablado también nos expresa bastante, pensemos que el lenguaje no verbal es lo más importante que llega a nuestro cerebro para procesar, más que el contenido en sí, sensaciones, tonos de voz, miradas, gestos, caricias, todo es comunicación.

- Infidelidad y celos: Hay personas que son celosas con una pareja y con otra no, personas que son celosas con todas sus relaciones (amistades, familia, pareja, etc.) o sólo con la pareja, cada persona es distinta y no podemos generalizar. Los celos suelen aparecer cuando hay faltas a la confianza, cuando hay situaciones que reactivan recuerdos y nos hacen sentir amenazados, se generan en una dinámica, el otro me genera inseguridad por algún motivo (justificado o no, bien o mal interpretado) y eso atenta a la confianza que pueda tenerle. En general, se generan más celos en personas que sienten mayor dependencia del otro, con baja autoestima, que temen a la soledad y tienen fantasías de abandono, pero también hay experiencias como la infidelidad en concreto que genera celos que quizás antes no existían.

Como sea, los celos generan desgaste emocional, agobio y distanciamiento, se entra en un círculo vicioso, pues en vez de acercar a quien amo, lo alejo más y como los celos son justamente el temor de perder a quien amo, se va intensificando ese miedo y así sucesivamente… a menos que se aprendan a relacionar de otro modo…

La infidelidad, ya sea si se descubre o se confiesa, puede ser un atentado grave a la relación de pareja, a la confianza, la lealtad, el compromiso, a todo lo que han construido. Pone en riesgo la continuidad de la relación, sobretodo si es una infidelidad que más allá del componente físico implicó el emocional, o duró por largo tiempo, o es con alguna persona que también era digna de nuestra confianza (un hermano, amigo o amiga cercana, etc.). Es por esto, que muchas parejas llegan a consultar luego de enterarse, pues genera un cuestionamiento a si seguir o no la relación, si es posible reparar o volver a confiar, si se puede perdonar, hay muchas dudas, muchos miedos de volver a ser engañado, mucha culpa, mucho dolor…

Una infidelidad nunca es justificada, puede que muchos factores hayan influido en que la persona haya tomado esa decisión y haya estado más vulnerable (historia personal, crisis de pareja, sensación de haber estado solo pues su pareja está más centrado en el trabajo, los hijos u otros temas, insatisfacción sexual, etc.), pero siempre ante una posibilidad hay dos opciones y también si se vio en riesgo, pudo haberse alejado y evitado llegar a ese punto.

Uno puede amar a una persona, pero sentirse atraído por otras, sobretodo cuando algo no anda bien en la relación de pareja. El punto no es que no me debe de atraer nadie, el tema es qué hago con eso, cómo decido cuidar la relación… ¿me dejo llevar por mi impulso y lo que siento? ¿O tomo conciencia del riesgo y no invito a tomar un café a esa persona que tanta “química” me está causando? La decisión está en nosotros y eso es importante aprenderlo si es que ya ha habido una infidelidad previa también.

Hay distintos tipos de infidelidad, por distintos motivos y algunas son más difíciles de perdonar que otras, pero lo claro es que no sólo se trata en terapia de trabajar la reparación de la herida, la culpa y lo que surge como consecuencia, sino también ver qué pasa en la relación, dónde está la grieta que dio cabida a que el otro desviara su atención hacia alguien más. Pues hay responsabilidades compartidas en que la relación no ande muy bien y por ende es importante prevenir y fortalecer.

- Sexualidad: Si bien con el paso de los años la pasión ya no es la misma que la del principio, una pareja estable no tiene por qué aburrirse en la cama o caer en la rutina. Es responsabilidad de ambos construir una sexualidad satisfactoria, donde no es necesario que sean súper atletas ni que se disfracen, ni hacer la megaultraposición que leyeron en un libro tántrico… Se trata más bien de encontrarse y disfrutar juntos, a su manera, no a la que dicen los demás que deben disfrutar. Ahora, si disfrutan de lo lúdico, bienvenido sea todo lo que aporte a la relación y sea placentero para ambos.

Salir de la rutina aviva el deseo y en eso debemos atrevernos a explorar y a aprender constantemente nuevas cosas, es importante redescubrir nuestra pareja, pues siempre hay algo nuevo que podemos conocer del otro y que puede sorprendernos. En este sentido, la terapia de pareja no sólo puede ayudar en situaciones donde existen disfunciones sexuales (eyaculación precoz, disfunción eréctil, vaginismo, frigidez, anorgasmia, etc.), sino también puede ser un espacio donde conversar sobre las necesidades de cada uno, construir nuevas formas de relacionarse en este ámbito, cómo disminuir las cosas que nos “matan las pasiones” y avivar aquellas que las encienden.

Hoy en día muchas parejas consultan pues no están satisfechas con la frecuencia con la cual tienen relaciones, la duración o calidad de ellas y con el deseo. Ya quedó atrás eso de que “a las mujeres les dolía la cabeza y el hombre siempre quería sexo”, hoy muchas parejas se sienten complicadas pues no existe deseo o es muy bajo, sobretodo se ha observado un aumento en los hombres con esta dificultad, la cual también es un tema a abordar.

Es clave entender que la sexualidad se ve bastante afectada por el estrés, el cansancio, el distanciamiento afectivo, la falta de comunicación, situaciones como tener a los hijos durmiendo en la cama, entre otras que en terapia pueden abordarse y a veces, al mejorar el contexto, la sexualidad sale de su bloqueo y vuelve a fluir.

- Problemas de convivencia: Desde falta de adaptación a las costumbres del otro, sensación de injusticia y desequilibrio en la distribución de tareas domésticas, el manejo del dinero, el uso de los espacios, el respeto por los tiempos personales, las tomas de decisiones (individuales o en conjunto), la rutina o monotonía en el diario vivir, la desidealización del otro al momento de convivir con él o ella, entre otras dificultades pueden surgir y llegar a peleas o conflictos complejos que hagan difícil de tolerar la vida en común. Es común escuchar “nos amamos, pero somos un desastre viviendo juntos”, “siento que en vez de una pareja, tengo un hijo al que debo cuidar, ordenar sus cosas y hacer todo”, etc.

Desde este escenario, la terapia de pareja puede ayudar a llegar a acuerdos, tolerar mejor las situaciones, generar flexibilidad ante algunos temas y sobrellevar mejor este proceso de ajuste que no sólo se debe hacer al principio de la vida en común, sino que muchas veces tendremos que detenernos para reordenar roles, dividir mejor las tareas, cambiar la forma en que se toman las decisiones importantes, entre otras situaciones. Es clave aprender a discutir, a negociar, a que no sea siempre uno el que cede, sino que ambos puedan encontrar su mejor forma de vivir juntos.

Otros motivos por los que consultan las parejas, que por temas de extensión, sólo enumeraré, son:

- Dudas antes de dar pasos importantes, como casarse o tener un hijo.

- Distanciamiento afectivo, frialdad, falta de contacto o encuentro físico y/o emocional.

- No saber discutir: peleas donde se observan amenazas al vínculo (“me voy a separar”), descalificación hacia el otro, agresividad física o emocional, donde se atacan como si el otro fuese un enemigo al cual quiero dañar…

- Problemas relacionados con la familia de origen (suegros).

- Adaptación a la llegada de los hijos (decisiones respecto a la crianza, temores, roles, etc.) o infertilidad y adopción.

- Insatisfacción con la vida en pareja, pérdida de identidad o libertad, ansiedad ante el compromiso.

- Crisis o problemas individuales o familiares que afectan la pareja: depresión, adicciones, enfermedad propia o de un hijo, muerte de un hijo, etc.

- Pérdida de la pareja: sólo se es padre o amigo.

- Adaptación a cambios en la constitución de la familia: separaciones y nuevas uniones, cuando uno de los dos o ambos tienen hijos de anteriores relaciones, cuando se van los hijos y la pareja queda con el “nido vacío”, etc.

- Apoyo para atravesar el proceso de separación: la terapia de pareja no busca la permanencia de la relación sea como sea, sino que las personas puedan sentirse bien con sus vidas, lo cual en ocasiones no necesariamente implica que puedan seguir juntas… En estos casos, sobretodo si hay hijos de por medio, se ayuda a cómo entregarles la información, contenerlos, evitar situaciones que los pueden dañar (como utilizarlos de mensajeros), entre otras prácticas.

Por último, es de recordar que si uno de los miembros de la pareja viene “obligado” o “amenazado” se está partiendo con mal pie… si alguno de los puntos anteriores les hizo sentido, convérsenlo, revísenlo como posibilidad, pero para hacer terapia de pareja es fundamental que exista una pareja dispuesta a avanzar junta, tengan la voluntad y el compromiso para trabajar en los temas que les están afectando. A veces, uno de los miembros percibe que está muy mal la relación y el otro cree que está todo muy bien y que su pareja exagera… conversen, hagan lo necesario para encontrarse, apoyarse, cuidarse y estar bien. De otro modo, si la terapia de pareja no es algo que ambos deseen, quizás es mejor terapia individual si se requiere apoyo.

Un abrazo de fuerza y de esperanza para todos…

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