¿Cómo cuidar mejor nuestras amistades?

amigas

Según el barómetro de la felicidad (un estudio realizado por el Instituto de la Felicidad de Coca Cola a 1.045 personas a lo largo de Chile en Diciembre 2010), las personas que reportaban mayor satisfacción con su vida decían tener en promedio 7.2 amigos y sólo un 5 % de la población refirió no tener ninguno.

Es ampliamente conocido el valor y la fuerte implicancia que tiene la amistad en la felicidad, los vínculos, el afecto, el sentirse acompañado, escuchado, comprendido, apoyado, querido, poder compartir los triunfos y las derrotas, cada experiencia, aprender con otro, crecer juntos y tener la oportunidad de entregar lo mismo, tiene un poder que da fuerza para seguir adelante en la vida, tanto para sobrellevar cada cosa difícil que sucede como para animarse a lograr aquello que deseamos.

Y si bien es posible que de esos “7,2 amigos” no todos sean tan cercanos afectivamente, pues cada amistad suele tener distinto nivel de confianza, son parte de nuestra red y eso es clave. Poder contar con otros. Hay amistades que pueden vivir lejos y que sólo mantengamos contacto vía internet, otras que se visitan pocas veces al año, otras que son sólo para reunirse a pasar buenos momentos, otras son cotidianas y están al tanto de todo lo que nos sucede y tantas otras, pero la idea es sumar buenas relaciones, sentirnos acompañados.

Muchas personas por diversas razones, ya sea timidez, alguna dificultad emocional que los hace aislarse, temor al rechazo o a las situaciones o personas nuevas, malas experiencias, pocos modelos de socialización, entre otras, van quedándose encerradas entre su trabajo y la casa, incluso al privarse de oportunidades de conocer a otros, pueden permanecer sin pareja o no establecer ninguna relación amorosa significativa a través de los años, lo cual los puede dejar con una vivencia de soledad intensa, con la que no siempre es fácil convivir.

Así también, quienes no han logrado desarrollar un mundo social amplio y se sienten inseguros al respecto, sumado a esto una baja autoestima, pueden tener el riesgo de generar relaciones de mayor dependencia, celos y posesividad con su pareja, familiares o algún amigo cercano (que puede ser el único) que se vuelve el ´”único refugio o puerto seguro”, lo cual interfiere en que las relaciones que puedan tener permanezcan saludables a lo largo del tiempo y sean un aporte al crecimiento personal mutuo.

Por otra parte, otra dificultad es cuando sólo se tiene buena relación con personas del sexo opuesto, y ahí entramos en el amplio debate de si es posible una amistad entre un hombre y una mujer. Muchas personas van quedándose solas o terminan en relaciones de amistad enredadas, donde a través de los años no han podido vivenciar la amistad en su más puro aspecto pues más bien han estado siendo amigas de personas que les gustan o sus queridos amigos han terminado confesándoles su interés en ser pareja, confundiéndose los límites. Otras personas componen su círculo de amistades  por sus ex y las amistades de ellos, más que crear amistades propias fuera de lo implicado en la relación amorosa que hubo.

Es cierto que muchas personas terminan desgastadas y decepcionadas luego de entregarse a relaciones de amistad que no han sido lo que esperaban, pues con el tiempo descubren que el interés era otro, que hubo cierto “aprovechamiento” de situaciones y que lo que se buscaba en la amistad no era amistad sincera, o terminan cansándose de relaciones dañinas, donde la envidia, competencia, críticas destructivas, peleas, celos o posesividad empiezan a ahogar.

También existen amistades que sólo nos buscan para contarnos sus problemas, que siempre están mal y sólo nos buscan como pañuelo de lágrimas, pero que no están muy dispuesta a escucharnos cuando nosotros necesitamos ni cambiar temática o hacer algo distinto, otras en que notamos que el interés es sólo nuestro, y terminamos por rendirnos de tanto ser uno la que llama, invita, busca y recibir respuestas “no voy a alcanzar”, “dejémoslo para otro día” (que nunca llega), otras amistades que son desleales y rompen nuestra privacidad, nos terminan quitando nuestra pareja u otras que usan la información dada en confianza para beneficio personal, entre tantas otras posibilidades que pueden desanimar como experiencia… Es común escuchar “prefiero tener de amigo a mi perro, que es más leal que todas las personas que he conocido…”, pero no hay que perder la esperanza ni entrar en pesimismos, pues no todo es así y hay miles de experiencias positivas de amistad que pueden demostrar que vale la pena intentarlo una y otra vez.

La amistad para que sea una experiencia enriquecedora debe cuidarse en distintos aspectos, algunos a considerar para evitar quiebres es que debe ser:

- Recíproca: Es importante que ambos dediquen un tiempo similar y demuestren interés por la relación, tanto a través de llamadas, visitas, gestos o acciones concretas, más allá de las palabras. La entrega debe ser balanceada pues sino se descompensa y comienzan tensiones, empieza a rondar la sensación de inequidad e injusticia, lo cual puede producir desgaste, resentimiento y finalmente un distanciamiento. Si yo espero algo del otro, también debo estar dispuesta a ofrecer lo mismo. Si bien la entrega en sí misma es un disfrute, dar sin recibir nada a cambio puede generar un dolor si tenemos expectativas distintas, por otro lado, hay momentos en que los otros nos necesitan más y la balanza varia a favor de uno u otro dependiendo de la situación vital, por lo que la flexibilidad es la clave.

- No abusar: por mucho que nuestro amigo insista o no demuestre incomodidad, muchas amistades se rompen o distancian por situaciones donde uno ha abusado de la amabilidad o generosidad del otro, incluso sin darse cuenta. Pasar frecuentemente y sin aviso a almorzar donde tú amigo sin llevar ningún aporte, pedir dinero o cosas pasando mucho tiempo en devolverlas o incluso no haciéndolo, disponer del tiempo del otro sin preguntarle, ser demasiado impuntual o dejar “plantado” al otro, olvidar favores importantes, pedir excesivos y constantes favores, entre otras situaciones, pueden producir complejidades.

Es por esto que tener límites claros, ser asertivo, tener la confianza para hablar de lo que nos molesta y la humildad para saber recibir lo que al otro le pasa no tomándolo como ataque personal sino viendo más allá, con empatía y auto crítica, son habilidades sociales importantes al momento de mantener una relación.  Es esencial entender que las relaciones se hacen de a dos y que si el otro está molesto o se ha distanciado, debemos ver también nuestra responsabilidad en ello y aprender, pues no siempre es porque ya no hay tanta afinidad, sino que muchas veces pueden ser circunstancias que generaron incomodidad o tensión y que con humildad, pueden reconocerse, cambiarse, conversarse y así salvar una relación que consideramos valiosa.

- Mantener límites claros: qué debo esperar y qué no, hasta dónde puedo opinar o entrar en la vida del otro sin resultar invasivo, cómo ser adecuado e ir gradualmente adquiriendo confianza, entender la diferencia entre el esperar – pedir – exigir, manteniendo el respeto y teniendo claridad si mi amistad es del sexo opuesto, dónde está el límite entre la amistad y la relación de pareja, siendo honesto, no ilusionar ni generar falsas expectativas, cuidar al otro.

- Respeto: Aunque opinemos o tengamos afinidades distintas con algunas personas, es importante tolerar y respetar no sólo a nuestro amigo sino también su entorno. Es comprensible que si nos ponemos a hablarle mal de su familia, o de sus amigos, pareja o descalificamos sus gustos, creencias, lugar donde vive o estudia, sus elecciones, etc. la respuesta de él posiblemente sea de defensa hacia lo suyo y enojo ante nosotros que nos ve atacándolo. Nuestros comentarios pueden herir susceptibilidades y ser inadecuados, sobretodo si entramos en prejuicios u opiniones con falta de información, o herimos con críticas que se alejan de lo constructivo.

No se trata de ser cínicos o deshonestos, sino de cuidar, aceptar al otro y valorarlo por lo que es, valorar lo que sí tiene en vez de centrarnos en aquello que no tiene, felicitarlo y alegrarnos de sus logros, aunque sean distintos a los nuestros, desearle lo mejor, ver más allá y respetar de corazón con todo lo que eso significa, recordando que hay palabras que hieren como un clavo a la madera, nuestras disculpas podrán sacar el clavo, pero la herida quedará…

Por otra parte, el respeto tiene relación con la lealtad y confianza, con guardar los secretos del otro, no hablar mal de él a sus espaldas, defenderlo y cuidarlo de situaciones complejas. No quitarle aquello que ha cultivado (relaciones, trabajo, proyectos), sumar a su vida, no restar.

Es importante creer en la amistad, darse cuenta que es un vínculo que se va construyendo cada día y que si lo cuidamos, puede entregarnos muchísimo. Es tiempo de detenerse, revisar nuestras relaciones y ver cómo andamos de amigos, cuán fuerte hemos tejido nuestra red, cómo hemos elegido nuestras amistades, qué tan buenos amigos hemos sido, qué esperamos para recobrar antiguas amistades o abrir nuestro círculo a nuevas experiencias o situaciones sociales para que entren nuevas personas a la vida, qué valor le damos a los lazos… es tiempo de detenerse y revisar… es tiempo de juntarse a un café para conversar con otro… siempre hay tiempo si  uno quiere de verdad…  ;)

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