Ser Padres: la importancia de lograr flexibilidad en los roles

colecho

Es cierto que cuando un niño nace, la diada madre – hijo es la protagonista, la madre amamanta, acuna y comparte la mayor parte del tiempo con el bebé, pero esto no quiere decir que el padre debe quedarse más al margen… al contrario, el hombre tiene un rol fundamental en esta etapa y debe buscar activamente este espacio, donde pueda proteger este acunamiento entre la madre y el bebé, contener, apoyar, compartir las labores de cuidado (ir al médico, cambiar pañales, calentar leches, hacer dormir, etc., etc.), formar una relación de apego con su hijo, hablándole, cantándole, observándolo, acariciándolo, haciéndose parte presente de su vida a través de un contacto regular, constante y nutritivo.

En este sentido, si bien cada uno de los padres tendrá sus fortalezas características, que ayudarán a complementarse y a aportar diferenciadamente desde su propio rol (padre / madre), la flexibilidad es clave. Que ambos puedan intercambiar labores y apoyarse mutuamente en algunas es un aprendizaje que se da desde el inicio. Así, la flexibilidad puede ayudar a que si ambos pueden jugar, acunar, hacer dormir, calmar el llanto, alimentar a un hijo, entre otras tareas, no se genera tanta dependencia del niño por uno de sus padres, entregándole más libertad si es que éste necesita un tiempo personal (para estudiar, descansar, reponerse emocionalmente después de una situación difícil, salir con amigos, etc.).

Así, si bien puede ser que existan preferencias y tendencias entre quién hace cada cosa, es importante que ambos padres sepan cómo hacerlas. Por ejemplo, puede ser que la madre se esguince un pie y necesite reposo absoluto una semana, si la distribución de tareas era rígida, llevará a que el padre se angustie pues él se dedicaba solamente a jugar, llevar al médico o comprar en el supermercado, pero no sabe cambiar pañales, cómo se calienta la leche, la temperatura que debe estar el agua para el baño, entre tantos otros detalles, complicándose por completo cuando debe asumir estas tareas que antes no había hecho o incluso teniendo que pedir ayuda a su madre o suegra para que lo “rescaten” de esta situación imprevista. Sin embargo, ¡¡¡ la vida está llena de imprevistos!!! y la flexibilidad con la que podamos adaptarnos a los cambios y tomar distintas tareas nos ayuda a afrontarlos de mejor modo…

Por otra parte, compartir las tareas equitativa y flexiblemente, además de estar alineados en la crianza, evita también que el niño vaya formándose imágenes polarizadas de sus padres y que ellos caigan en roles rígidos que los van desgastando e influyendo negativamente en el apego, por ejemplo, cuando uno de los padres es el estricto, castigador, que impone límites y se encarga de temas prácticos (orden, médicos, tareas, etc.) y el otro se dedica a jugar, regalonear, a convencer al otro padre que le quite castigos o no sea tan duro, a dar regalos, guardar secretos para evitar retos, o aliarse con el niño en una postura que favorece que el niño prefiera confiar y estar más con ese padre que con el otro…

Cuántas veces hemos escuchado a uno de los padres decir “pregúntale a tu mamá” o “pregúntale a tu papá” cuando uno de los hijos pide un permiso, no suena más coherente decir “déjame conversarlo con tu mamá (o papá) y te contamos después si es que hay permiso”… existe una diferencia grande entre estar alineados o no. Si bien un hijo siempre percibirá con cuál de los dos padres puede lograr más cosas o convencer más fácil, es importante que en temas de crianza no existan diferencias muy significativas y si éstas ocurren, que se hablen en privado entre los padres, puedan llegar a ciertos acuerdos sobre qué es lo que se permitirá y qué no dentro de la crianza familiar, y por sobretodo, respetar esos acuerdos.

Todas las actividades planteadas antes son inherentes a la crianza y lo más sano para todos es que ambos padres puedan compartirlas, es cierto que algunas son mucho más gratas que otras, pero si egoístamente nos quedamos solo con las agradables y afectivas, estaremos dejando todo lo difícil al otro padre, pues alguien tiene que hacerse cargo de esas tareas… Con esta actitud se va generando un desequilibrio, un desgaste, una percepción de injusticia que no solo afecta la relación que pueda tener el niño con cada uno de los padres, sino también la relación de pareja, pues existe una vivencia de falta de apoyo, de soledad y abandono en las tareas más complejas, de individualismo, lo cual va separando en vez de unificando a la familia.

De este modo, la flexibilidad siempre podrá ayudarnos a sentirnos más preparados para enfrentar la tarea de la paternidad, adaptarnos a los cambios y hacernos cargos de tareas que si bien no dominamos lo suficiente, podemos llevarlas a cabo de forma adecuada, haciendo sentir de paso a mi pareja que puede contar con todo mi apoyo si lo necesita, que estamos juntos en esto y somos compañeros. Así, la distribución equitativa en las tareas que implican la paternidad es un acto de amor, balance y apoyo que siempre será bien valorado.

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