Una semana de aprendizajes con Matthieu Ricard

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Matthieu Ricard, doctor en genética francés, dejó su carrera para establecerse en los Himalayas hace ya más de 30 años. Matthieu, hijo de padre filósofo y madre pintora, se convirtió en un monje budista, se dedicó a la meditación compasiva, a trabajar como asesor y traductor del Dalai Lama, a escribir libros (“El monje y el filósofo”, “En defensa de la felicidad”, “La revolución del altruismo”, entre otros cuyas ganancias dona a caridad en diversas obras humanitarias), a desarrollarse como fotógrafo de montaña (reconocido internacionalmente por la belleza de sus fotografías que transmiten su espiritualidad), a dar charlas inspiradoras a lo largo del mundo y a colaborar con la ciencia en sus estudios sobre amor y compasión. Así, fue nombrado hace algunos años como “el hombre más feliz del mundo” luego de estudios de su cerebro en la Universidad de Wisconsin (EEUU).

Este ser humano maravilloso vino a Chile para exponer en el 3er Encuentro de Relaciones Saludables y Felicidad (www.encuentrofelicidad.cl) invitado por el Instituto del BienEstar, espacio donde trabajo junto a un equipo de personas increíbles (www.institutodelbienestar.cl). Y bueno… como aún estoy decantando esta experiencia, quisiera utilizar este espacio para ofrecerles una mirada de lo vivido y aprendido estos días junto a él, pues no quiero olvidarla y creo vale la pena compartir cómo su ejemplo caló hondo en todos quienes tuvimos la fortuna de acompañarlo. A continuación, les dejo mi relato personal de lo vivido:

Llegó un día Lunes 21 de Abril a Chile y Wenceslao Unanue (uno de los directores del Instituto del BienEstar – IBE) fue a buscarlo al aeropuerto, almorzaron en el Divertimento y luego a cenar con el equipo IBE y amistades. Al hablar con Wenceslao me dice riendo “es tan simpático, amable… sencillo, les va a encantar!!”. Y así fue… terminé de dar una clase en un curso de psicología positiva, tomé un taxi rápido, ansiosa de llegar a conocerlo, y cuando iba camino a la cena, emocionada, le conté al taxista sobre Matthieu y de inmediato él amablemente buscó en youtube y puso en la pantalla de su auto un video sobre la vida de Matthieu Ricard en el monasterio. Conversamos sobre lo importante que es cultivar la amabilidad, la generosidad, el amor… al despedirme, el taxista me dice entre risas “dígale a Matthieu que aunque nos cueste, en Chile nos esforzamos por ser más amables, estamos trabajando todos en eso!!”, me baje con una sonrisa y seguí el camino a casa de Daniel Martínez (Director IBE) donde sería la cena… mi inglés no es muy bueno y estaba nerviosa…

Al ver a Matthieu, no pude dejar de observarlo y sonreir, no tenía palabras… su presencia de verdad iluminaba todo, verlo en su sencillez, disfrutar de revisar un libro de fotografías de Chile en detalle, preguntando “¿y dónde está esto? ¿queda muy lejos? ¡¡ Es muy lindo Chile !!”, ver su risa traviesa entusiasmado cuando le dijimos que quizás podíamos ir a visitar unas termas en unas montañas en el Cajón del Maipo, me dio tanta felicidad !!! Ver que podíamos entregarle momentos de felicidad a este hombre que entrega tanto para hacer felices a otros, era realmente gratificante. Se frotaba las manos con ilusión de su viaje y yo trataba de explicarle los detalles, le hablaba sobre los cóndores y las montañas con mi mejor inglés chapurreado y él atento se esforzaba por entender y seguir mis palabras sonriendo.

Matthieu preguntaba curioso qué era cada bocado que comía, disfrutó del pastel de choclo (y al día siguiente de los porotos chilenos) y luego de los variados dulces que le ofrecimos, hasta que nos dijo riendo “no más dulces !!! me quieren llevar al lado oscuro de la fuerza !!!” (mientras se escondía en su manta roja jugando a esconderse de los dulces y todos estallábamos en risas). Respecto a ser vegetariano, nos contó “los animales son mis amigos y yo no me como mis amiguitos…”. Bastante claro y profundo no? da para pensar al menos.

Le preguntamos si tenía más abrigo por si hacía frío en las montañas y nos dijo “sí, los monjes usamos capitas abrigadas y es muy divertido porque son como casitas. Cuando hace frío, cada uno se esconde entero en su casita y solo se nos ven los ojos” (y luego se escondió imitando la situación, causando más risas y ternura). Nos abrazó, se sacó fotos, rió y luego al ver su rostro cansado por el viaje le ofrecimos llevarlo al hotel, él primero dijo “está bien, puedo quedarme un poco más”, al insistirle para que descansara nos preguntó humildemente “¿Está bien para ustedes si me voy a dormir? ¿no necesitan más de mí? si ustedes quieren que me quede más, yo me quedo…”. Este gesto de entrega y servicio me llegó profundo… claramente lo despedimos para que fuera a descansar luego de tantas horas de viaje y quedamos con una sensación profunda de gratitud.

Al día siguiente fuimos a buscarlo al Hotel y luego a visitar la Escuela Francisco Varela, ahí fue a conversar con los niños, visitar sus salas, además de hablarle a los padres y hacer una meditación compasiva, para luego dar una charla a la comunidad budista en Chile. Fue hermoso, él estaba feliz disfrutando con los niños, un chiquito se acercó y le dijo “Hola hombre más feliz del mundo ! Yo soy el niño más feliz del mundo!” Todos reímos. La gente sonreía emocionada al verlo, pero al salir de la charla, observé cómo algunas personas se agolpaban para que firmara sus libros, sacarse fotos con él y hablarle, llegó un momento en que apenas podía caminar, me di cuenta que él no decía “no” a nadie, él se ofrecía para hacer felices a otros en lo que necesitaran de él, vi que no podía avanzar a la salida y en ese minuto caí en la cuenta que él vino solo a Chile, no tenía delegación ni representante ni nadie que cuidara de él, solo nos tenía a nosotros y ante eso como equipo nos unimos para cuidarlo.  Ese momento me marcó bastante. Entendí un significado más allá respecto a cuidar de otro. Sentía temor de que él tropezara, no quería que se sintiera agobiado, quería protegerlo… él solo nos miró y sonrió compasivo, dejándose cuidar.

Luego de los días, conversando sobre estas situaciones, me dijo riendo “has sido una buena guardaespaldas, no te compliques por mí, mi vida es así, tengo mis espacios de silencio y tengo espacios de muchas muchas personas. Gracias por cuidarme tanto, pero todos tenemos que aprender a cuidarnos unos a otros, eso es altruismo, cuidarnos todos”.

Uff… potente, me conecté con muchas cosas, pensé en la sobreprotección de los padres con sus hijos, con el temor de que no les pase nada malo, con cómo a veces por proteger subestimamos la capacidad del otro para enfrentar desafíos, me conecté con cómo a veces decir no es decir si a uno mismo, con cómo hay que cuidar más a quienes les cuesta decir no, o eligen no decirlo. La importancia de cuidar a quienes cuidan, de cuidarnos todos como seres humanos, miembros de una misma familia, pensé en nuevas formas de desarrollar la amabilidad, me esforcé más por no molestarme con quienes transgreden ciertos límites de respeto, pero no se me hacía fácil cada vez que veía a una persona tironear fuertemente a Matthieu de su túnica para sacarse una foto… Aquí nos enseñó algo importante… Él vivía todo este acoso de las personas desde la compasión, lo veía como parte de su entrega a otros, esto me hizo más sentido luego de escucharlo hablar de la diferencia entre empatía y compasión, refiriendo que “ser empático puede cansar y agotar, incluso te puede dar “burnout” (“sensación de estar fundido”), tomas mucho sufrimiento contigo, en cambio desde el amor compasivo, fluyes con el otro, acompañas su camino, pero no recorres el mismo en su dolor, eso te cuida y así puedes relacionarte de modo más amoroso con los otros”. Gran aprendizaje para seguir poniéndolo en práctica, pues no siempre es tan simple.

Al llegar a las montañas ese martes, se sentó al lado de la ventana para apreciar el río, le encantó el pebre con pan amasado, Pamela Maercovic le preguntó en ese almuerzo “¿hay alguna técnica que pueda ayudar a otros a ser más felices? con Mónica hacemos muchos talleres de felicidad y nos ayudaría saber alguna herramienta práctica”, Matthieu nos dijo “Más allá de “qué” enseñes, importa desde qué lugar lo estás enseñando, importa más el “cómo” lo hagas…”, alguien en la mesa le preguntó qué hacía él cuando una persona actuaba mal, ¿alguna vez se enojaba?, Matthieu dijo algo bello (intentaré reproducirlo lo mejor posible): “Todos somos lo mismo, es como si lanzaras una estrella al cielo, su luz se confunde con todas las otras, puede que no ilumine igual, pero sigue existiendo luz dentro de ella, aunque nosotros al verlas desde la tierra no siempre distingamos la luz de cada una por separado, cuando estamos todos juntos emanamos mucha más luz… podemos dar luz a quienes no tengan tanta dentro de ellos y quizás algún día su propia luz empiece a brillar más fuerte… poner el foco en quien tiene más o menos luz no tiene importancia, más bien debemos valorar que todos tenemos una luz que puede iluminar, entonces ¿por qué tendría que enojarme con alguien que no emana tanta luz en algún minuto? quizás esa misma persona puede iluminar mi camino en otro momento con su luz, la compasión ayuda a conectarnos con las luces de cada uno de nosotros y sentir que todos somos lo mismo…”.

Cada vez que alguien le planteaba temas desconocidos para él o preguntas específicas sobre técnicas meditativas, polos magnéticos, rituales espirituales, cambios de conciencia a nivel mundial o tantas otras que escuché, su respuesta tuvo algo en común… respeto, curiosidad por aprender, escucha atenta, dando su opinión pero nunca descalificando ni invalidando otros caminos, cuando algo era muy distinto a lo que sonaba familiar para él, trataba de entregar alguna guía sobre qué era lo que él había vivido, le había resultado más, trataba de ver en perspectiva y entregar el mensaje unificador que más allá de nuestras diferencias, la clave estaba en ser bondadosos y actuar en bondad.

El día Miércoles fue intenso. Muy temprano desayunamos, conversamos sobre lo agradecidos que estábamos de que hubiese decidido compartir con nosotros en Chile una semana (usualmente solo está 2 días en los lugares que va a dar conferencia, de Sudamérica solo había conocido Brasil una vez 2 días, y desde niño tenía el sueño de conocer la Cordillera de Los Andes), fuimos a los Baños Colina en el Cajón del Maipo con Lorena Zamora y Wenceslao Unanue (ambos directores IBE) y un amigo argentino de Matthieu (Alejandro De Grazia, cineasta que está trabajando en un documental de espiritualidad y con el cual todos forjamos una gran amistad). Camino allá paramos muchas veces a sacar fotos, jugamos a “ser espontáneos” caminando entre risas mientras Matthieu marchaba “a saltitos” jugando para que Alejandro nos sacara fotos “naturales”, nos sentimos plenos de verlo fluir con su cámara fotografiando las montañas chilenas, cumpliendo su sueño, captando cóndores, reflejos de las nubes en el agua, ríos, colores… Pronto nos pusimos todos trajes de baño y a chapotear !!! termas calentitas, nos llenamos de barro la cara y reímos contando historias, nos habló de sus salidas a nadar en las aguas frías del Himalaya, sus caminatas, sus retiros de silencio y meditación por casi 6 meses en una ermita de 2.9 x 3 metros, donde refiere que después de pensar y pensar se dio cuenta que “aunque no le cabía nada ahí, tampoco necesitaba nada, no extrañaba nada, lo tenía todo para ser feliz…”, nos habló de cómo se avergonzaba un poco de que le dijeran que era el hombre más feliz del mundo, pues él sentía que en este mundo habían muchos felices y que sus amigos monjes se reían con él de esto y lo apodaban “Mister Smile”, reímos y reímos. Su sonrisa enorme y plenitud nos llenaba el alma….

Bajamos luego a almorzar con cerca de 30 personas de nuestra red, que trabajaban en felicidad y querían compartir con él cercanamente. Luego se vino “desafío trecking”, 1 hora subiendo una montaña a la meseta, para luego meditar en la cima… Demostraba una agilidad impresionante !! Era el primero en subir, compartíamos agua, le facilitamos un bastón de trecking y vamos adelante, apenas paraba para descansar, ninguna queja, ninguna solicitud, solo caminando y observando la belleza, conectadísimo con la montaña…. se notaba su vida en los Himalayas, pero sobretodo su perseverancia y voluntad. Ya arriba, quedó atónito al encontrar que la cima era verde y llena de árboles !!! Esperaba todo fuese más desértico y se deslumbró por la belleza… buscábamos “un buen lugar para meditar” y él se rió un poco de nosotros cuando preguntamos ¿este árbol está bien para meditar?, rió con nosotros a carcajadas aludiendo que cualquier lugar era perfecto para meditar, pero si queríamos hacerlo bajo un árbol en particular, no había problema…  la meditación fue sencilla y profunda, nos invitó a mirar lo que nos rodeaba, el cielo, el azul profundo, respirar hondo el aire puro, mirar lo bello que nos rodea, el silencio, contemplar la paz externa e interna…. de pronto, algo fabuloso sucedió…..

Habían muchos caballos cafés en el lugar, entre ellos, uno blanco se detuvo justo al frente de Matthieu, a 10 metros… lo miró fijo, se acercó… un perrito que se había acercado a nosotros y estaba a los pies de Matthieu se levantó para espantarlo y así “protegernos” del intruso… el caballo retrocedió 3 pasos y luego volvió la mirada a Matthieu, fijamente… se acercó de nuevo. Matthieu entendió que ese caballo lo buscaba, para no ser espantado de nuevo por el perrito cuidador, Matthieu se paró esta vez… suave, sutil… lento, se dirigió al caballo blanco, se arrodilló ante él y le ofreció su mano, el caballo se acercó con confianza y Matthieu comenzó a hacerle cariño, abrazarlo tiernamente… fue un momento tan impactante… una estela de paz los envolvía y nos entregaba con esta escena una imagen inolvidable y profunda sobre la conexión entre hombres y animales, sobre la bondad, sobre el amor… sobre tantas cosas que debemos seguir aprendiendo….

Al partir, ninguna palabra, todos en silencio, otro caballo café se le acerca por la espalda a Matthieu, él se da vuelta y le hace cariño… luego el caballo sigue su camino… y nosotros empezamos el descenso… antes de cruzar el puente, Matthieu pasa a ver los pumas y águilas en rehabilitación, les hace ruiditos para comunicarse con ellos, ríe, reímos todos. Volvemos felices a tomar té caliente y galletitas.

Matthieu ve sus zapatillas llenas de tierra post trecking, se preocupa porque quizás no están “presentables” para la conferencia de prensa del día siguiente… con respeto y cariño Verónica García Huidobro (de la productora eventual, que nos apoya en organizar encuentro de felicidad), le ofrece comprar otras. Matthieu se niega: “un par basta, es más que suficiente para mí, puedo lavarlas”, me quedo preocupada pues me lo imagino lavando de madrugada y cansado sus ropas y zapatillas, conversamos con el equipo y Wenceslao Unanue va a ofrecerle lavar todo en el Hotel, pero es demasiado tarde, ya había lavado todo él solito y lo dejó secando para el otro día sin complicarse… (pienso internamente… “la próxima vez que diga “estoy cansada”, recordaré a este hombre de 68 años que luego de levantarse 5 am, ir a termas, recorrer las montañas, compartir toda la tarde con muchas personas, hacer 2 horas de trecking subiendo montañas y terminar su día exhausto, se fue a seguir trabajando en su libro sobre altruismo y animales, y además le dio la energía para lavar sus ropas y zapatillas….” Notable).

Otro detalle que nos hizo reir y apreciar su sencillez absoluta fue que en algún lugar perdió sus lentes para ver de cerca… pese a que no quiso complicar a nadie, al día siguiente Wenceslao nos contó cómo figuraba Matthieu Ricard y él en una óptica del Mall buscando lentes y entrampados en que Matthieu no quería que gastáramos en él y decía “estos plásticos no más, no se preocupen, no quiero nada caro !! no paguen ustedes, yo devuelvo el dinero, déjenme pagar a mí!!!” mientras Wenceslao lo trataba de convencer de que no se preocupara por esas cosas y el personal de la óptica estaba atónito con esta escena viendo un monje budista discutir entre risas mientras buscaba y buscaba lo más sencillo del lugar. Pequeñas anécdotas que nos hacen sonreir…

Los días siguientes vinieron conferencia de prensa, entrevistas, visita al Colegio Marqués de Ovando de La Victoria, donde quedó impactado con la espontaneidad de los niños, con la belleza e intensidad con que expresaban sus emociones de forma tan transparente, pues no había visto niños así en sus viajes por el mundo. Fue a dar una charla (“en defensa de la felicidad”) a la Universidad Adolfo Ibañez, dentro de un Encuentro de Jóvenes donde compartió con alumnos de colegios, universidades, profesores y distintas personas que apreciaron su entrega. Fue bellísimo.

Luego en la tarde ese viernes se fue a nadar en la piscina del hotel, ingenuamente cuando nos contó de ésto, le preguntamos si era temperada y dijo que no, que solo vio la piscina que estaba al aire libre y decidió nadar un rato, pero que no era tan fría como las aguas de los Himalayas así que no nos preocupáramos (reímos ante lo obvio….). Cenamos en el hotel junto a todos los expositores del encuentro. Dio un discurso emocionante, nos dijo que ahora eramos sus amigos, nos seguimos asombrando de su sencillez cuando se arrodilló en el pasto para hablar de cerca con Manfred Max Neef que estaba sentado porque tenía un problema con sus rodillas, seguimos disfrutando sus sonrisas y calidez.

Ante la pregunta ¿qué es lo que más te hace feliz? Respondió: “Servir a otros…”. Dalai Lama planteó que la paz surgía cuando lo que uno piensa, siente y hace, están en la misma dirección. Matthieu Ricard es ejemplo vivo de esto….

Su visita terminó con dos días en el 3er Encuentro de Relaciones Saludables y Felicidad, al cual asistieron más de 4.500 personas, dio conferencias demasiado profundas y removedoras sobre compasión, amor y altruismo, recibió un homenaje, nos regaló unas fotos que él había sacado y trajo como obsequio para regalar. Pero el regalo más grande fue su ejemplo…. Él dijo en una entrevista “Para predicar la felicidad, no se puede ser solo el mensajero, hay que ser también el mensaje”. Creemos definitivamente que todo lo que aprendimos de él, todo lo que altruistamente nos entregó quedará grabado por siempre en nuestros corazones. En su viaje a Chile pudo compartir con cerca de 5.500 personas en una semana. Si cada una de esas personas guarda este mensaje de amor y entrega que nos mostró y lo comparte, produciendo pequeños cambios positivos en sus vidas y las de otros, creo que su mensaje podrá llegar mucho más y de seguro todos podremos acercarnos más a la felicidad.

Por mi parte, seguiré decantando la experiencia, recordándolo con una inmensa gratitud por todo lo que pudo entregarnos a cada uno de nosotros. Ojalá este trocito de mi vivencia pueda acercarlos a la humildad, sencillez, generosidad y amor que hay dentro de cada uno de nosotros y podamos seguir cultivando estas fortalezas para construir un mundo mejor. Estoy segura que juntos podemos lograrlo.

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Video Encuentro con jóvenes en la UAI: https://www.youtube.com/watch?list=PLLiNBY434b1s137p4qMl4zucj2CMCDwOL&v=Ri0tWLJVLX8&app=desktop

Otras frases que nos regaló en su viaje a Chile (extraidas de entrevistas):

“El amor es lo único que siempre se dobla cada vez que inviertes”

“No logré encontrar una correlación entre tener un talento particular y ser una buena persona. Hay grandes seres humanos, y seres humanos más difíciles, pero no hay una correlación con lo que hacen. Que seas un artista excepcional no quiere decir que seas un ser humano excepcional”

“A pesar de las condiciones externas, la felicidad está en la mente de cada uno. Por supuesto que las condiciones importan: necesitamos remedios, fiestas, educación, libertad para florecer, no podemos negar nuestras necesidades internas. La clave está en imitar a los gatos… Hay que construir recursos internos. los gatos siempre caen sobre sus pies y nosotros tenemos que tener la seguridad de que cuando lleguen las adversidades, sabremos sortearlas con nuestra fuerza interna. Tu mente puede ser tu mejor amiga o tu peor enemiga…”

“No existe el exceso de compasión, pero sí la “fatiga de la empatía”. La compasión y la empatía funcionan de modos distintos. hay que cambiar la empatía por amor puro y en ese momento, cualquier átomo de tu cuerpo que pueda estar sufriendo se transforma en un átomo de amor y tu estado mental es completamente distinto…”

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